Leer una entrada aleatoria

Siete







"Suerte que en el sur hayas nacido y que burlemos las distancias."

Pensé en suerte
porque de la suerte,
el siete
es el número.

Entonces, que suerte que al menos sur y no norte, oriente, pacífico, atlántico, ártico, mediterráneo, polar, Madagascar, Micronesia, Suecia, Bangok, Paris, Tokyo o Madrid.

Suerte.

Vuelves a mi piel, vuelves a mis labios, vuelves a mi ser, vuelves a mis ojos sabios, ves en mi tu futuro y yo veo en ti el mío, ves en las hojas de este invierno tu más libre albedrío, en mi cabello tus manos, bajo las sábanas los pensamientos mundanos, en tu cuerpo mis prendas, en mi espalda tus reprimendas, en los ojos que te regalé un lazo, en mi pecho tu más fuerte abrazo, en tu oreja ese lindo arete, y en mis ojos tu reflejo, ese lindo y tan tuyo falsete, mientras cantas frente al espejo, tu amor y mi amor, una ecuación que ya despejo, extrañamente la incógnita es igual a siete, que complejo.

Un bosquejo viejo que firmemente aconsejo.

Tu uno, dos, tres, cuatro, cinco o seis,
yo seis, cinco, cuatro, tres, dos o uno.

De todas maneras rosas, porque tu más yo, 7, se lee siete.





La Bella y la Bestia







Hiero, yerro, pero,
ella ama ciegamente,
ella adora sordamente,
pero irónicamente su amor es eternamente sincero.

Yo tomo vuestro corazón y lo aprieto
y vos tomás el mío y lo besas.

Amor enfermizo, amor de aquel, no de antaño, no moderno,
solo vuestro, solo eterno,
amor enfermizo porque para dicha enfermedad no hay cura,
solo la muerte, por ello dura.

Infinito, grande infinito, infinito,
pero algún libro corriente me enseñó
que hay unos más grandes que otros, señor,
por ello quizá aparto el vuestro, para buscar un más grande y cercano infinito.

Con café y galletas, ya sabéis.

Su pleitesía, su obediencia, yo feroz, atroz,
ten un lindo beso, decía, con esencia,
eso, con su cuello bajo mi hoz, pobre ella.

Por eso cuando la lluvia arrecia,
sé bien que ella es la bella, y yo la bestia.






Fotografías







Una fotografía, fue lo que me quedó
como dice la canción,
no cierres los ojos mi corazón,
porque por estos lares puedo volver a aparecer yo.

Una sonrisa,               Una canción,
un recuerdo,               un suspiro,
una lágrima sumisa,     un agradable monzón,
un beso eterno.           un inesperado giro.

Cada vez que yo me voy
llevo a un lado de mi piel,
tus fotografías
,
como canta Juan Esteban en su disco aquel,
el de las letras hermosas para nada vacías.

Guárdame en el bolsillo,
allí en el de tu camisa,
cerca de tu corazón y tu alma,
cerca de donde más duele el amor que me guardas,
allí donde también guardo las cenizas,
para como fénix resucitar haciéndolo ver todo sencillo.

Edward me ayudó allí, porque así parafraseé su canción,
nada de traducción,
porque la esencia va en el idioma que escribe el autor,
así que no traduzcan más, por favor.

Fuera de ese café,
vuelvo a decir,
que volveré,
solo espérame así:

Con una snapback y en camisón, mientras escuchas mi canción.
Te volveré a besar, y no volveremos atrás.

We keep this love in a photograph,
                                y es por eso que debo decir que tu solo en mis fotos estás.



Ed, Juan, Bonny, y Ray, con amor.






Stockholm Syndrome






Dr. Fausto, yo,
sí, experimenté.


Y no me canso, pero me cansó.


Y fui allá, a destripar, a clavar una flecha tal cupido
a causar amor pero luego dolor
al sacar la flecha y no cerrar la herida tal doctor,
Fausto, nunca responsable ni sumido.


Pero vuelven aquí, para colmo,
“otra operación por favor,
me encanta sufrir por amor, doctor”,


y entonces me pregunto si es que tienen algo parecido al síndrome de Estocolmo.







Érase


Y no sé, se me ocurrió.

La vida da vueltas ¿cierto? Es épicamente histórico que el 'érase una vez' sea tan textualmente válido para todas las historias y cuentos del mundo. Y Charles Perrault estaría orgulloso de que su «Il était une fois» sea tan divisible, tan utilizable.

Entonces…

Érase una vez, tarde, lluvia, sueño, café y amor.






Amor desesperanzado, café dulce, sueño en espera, lluvia fría, tarde pasajera. Una vez pasó, dos veces ocurrió, pero nadie se percató, de que las cosas habían cambiado, eran dos historias paralelas, eran incluso más, solo que no se podían relatar todas al mismo tiempo.

Nunca es tan tarde, ya ves, el viento es viejo pero aun sopla.
Y como sopla.

Brisas que me traían tu esencia, desde tan lejos, siempre estabas conmigo.
Y el sabor de tus labios en aquel café que nunca probé, el más amargo, pero aún así me encantó.

Aunque no lo probé.
El amor depende del tiempo, y del espacio.
Todo depende de ello, no vengáis a negarlo.
Simplemente quería el más largo beso, de esos que se dan despacio.
Pero tenías que arruinarlo.

Amor fue, amor voló.
Llegó un adiós.
Tiempo de claudicar.
Espacio para finalizar.

Mi amor permanecerá intacto en un recuerdo,
y nadie podrá modificarlo,
ni tú, ni yo, ni las monjas ni los cerdos,
por qué tuviste que arruinarlo.

Creé un universo para ti,
lo rechazaste sin querer,
pero lo rechazaste al fin,
tiempo de volver.

No todo en la vida se obtiene como se quiere,
a veces hay que decir que vas a probar la alfombra roja,
y terminas modelando en la premiere,
el medio es siempre válido cuando buenos resultados arroja.

Entonces me volví un científico por ti,
por demostrarte con ciencia que dios existe,
fui realista e hice lo imposible, por ti,
pero ya esto no existe, ya solo somos alpiste.

No iba a ser fácil, solo sé que valdría la pena,
la valió.
Entramos en escena,
y morimos como Romeo y Julieta, sin adiós.

Tus dedos en mis labios contando los besos que faltaban,
mis labios en tus pechos velando el alimento de nuestros hijos,
tu y yo por las montañas donde los ángeles caminaban,
un amor que tenía toda la pinta de prolijo.

Mírame a los ojos, mira como brillan por ti,
mírame en pasado, porque ya no estoy,
laméntate por mi,
porque ya no estás para mi hoy.

Siempre está ahí el amor,
si una vez existió, nunca se irá,
pero el humano ha de ser fuerte y tener valor,
para hacer a un lado lo que nunca tendrá.

Me obligué a intentarlo aun cuando muchas veces no quise,
por ti mi orgullo ahogué,
por ti mis rabietas deshice,
por ti también me salvé.

Pero tuvimos el lujo de tener un amor imposible,
teníamos el mundo en nuestras manos,
un esfuerzo más que plausible,
nuestras manos juntas en aquel lavamanos,
nuestras miradas cruzadas en ese espejo,
nos íbamos a lo mundano
nuestro amor más rápido hicimos con nuestro reflejo.

Negociamos tantas veces, planteamos posibilidades,
siempre habían desacuerdos,
improbabilidades,
y nunca estuvimos de acuerdo,
ni siquiera cuando tuvimos que terminarlo todo,
pero ya no había modo.

Yo era Charlie Brown,
tu eras Heather,
no te besaba aun,
pero ya tenía tu mejilla y un abrazo aunque fuera leve.

Un lápiz, una pluma, toda mi tinta,
pensaba gastarla en ti, mi musa sucinta,
pero todo salió mal y se arrugó el papel,
se volaron las hojas y llovió el día aquel.

Te besaré en mis sueños,
y te recordaré con un café por las tardes,
sin lágrimas ni pañuelos,
prometo sonrisas y alardes.

Escuchando Canon en D mayor de Pachelbel,
o quizá O de Coldplay,
tendría que ver,
si quiero llorar o quebrantar la ley.

Un lago,
una montaña,
así siempre nos he visto,
a ti, y a mi.

Coquivacoa y Warairarepano nos hubiésemos llamado hace unos seis siglos.

Era magia,
eras tú,
mi savia,
para ti mi gratitud.


Todo esto se lo contaré a mis nietos,
los llamaré, "mis hijos, vénganse,
les contaré una historia muy bonita".

Y todo empezará con un érase.