Mírame, mírame bien.
¿Sabes acaso quién soy?
Yo dudo tanto eso como tanto sé que la ceguera al más puro modo del relato de José Saramago está apoderada de tu vida, porque no sabes quien soy, no eres capaz de verme, de conocerme. Y aquí se van al vacío mis risas sarcásticas, porque no significa ello que yo sea incognoscible, no. La cruda verdad de gran parte de la humanidad es que no todo lo que brilla es oro, y no todo lo que es oro, brilla. Si crees que brillo es porque no has salido de un sótano 9 por más de 5 años, al más puro modo de la realidad de Ingrid Betancourt y Clara Rojas, no tienes ni idea de que es la www.
No, no te ciegues ante una realidad que es dada por miles de millones de mentiras repetidas por una aparente deidad, y ya sabes, una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. No es más que una tragicomedia antagónica que quieras hacer un castillo indestructible con arenas del médano, que quieras extrapolar algunos rasgos de bondad en épocas decembrinas a un ser que es tan frío como un témpano. Aquellas respuestas que borras por default, por ser improbables, por amor, no, por favor no las elimines de tu lista de posibilidades, porque quizá son las respuestas que más sentido y lógica tienen entre las anormales.
¿No se cansan entonces los humanos de ver con los ojos del corazón?
Despertar es válido, abrir los ojos aun más.
Espejismos... diría alguien que alguna vez conocí. Brilla, atrae, pero no es más que una ilusión. Es el final de una dramática canción que nació en las junglas más húmedas, pero que reposa en el Sahara mientras los seres más alocados intentan ubicar dicha perdición. Definitivamente he de dejar de usar tantas esdrújulas, porque la vida se basa en las cosas graves, y llanas, sin ene ni ese, ni vocales aparentes. Y no es esto un concierto de poca estima hacia mi mismo, porque en realidad mi ego viaja más rápido que los doscientos noventa y nueve millones, setecientos noventa y dos mil cuatrocientos cincuenta y ocho metros por cada segundo a los que viaja eso que nos ilumina y llamamos luz, que nos hace sentir la luna solo 1.28 segundos después de verla, así de esplendorosa y llena como esta noche. Son solo palabras previas, advertencias, nunca han de faltar.
Ojalá la vida viniera con infinitos predeterminados y coordenadas infinitesimales, para así poder esquivar los meteoros.
Y saber desde los dos meses de nacido, que no todo lo que brilla es oro.
Esta es mi más pura verdad.
Y me avergüenza el hecho de invertir lo invertible,
de crear con dos mentiras una verdad,
de empujar a los que me empujan solo para que me empujen,
de morder la mano más suave:
aquella que me da de comer.
Y me avergüenza pero no me avergüenza,
porque con la cara bien lavada niego todo,
como el propio carajito,
y acuso de metáfora aquello que tiene toda la pinta de verdad,
y que es verdad,
por eso espero mi sentencia,
con café y galletas, analizándolo todo,
buscando mi más cercano infinito.