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Común VI






Se va a prender.

Soy venezolano, a mucha honra, y soy caraqueño, a más honra.

Entonces repito: se va a prender. Las noticias son las mismas de siempre solo que con diferentes nombres, ¿no se habían dado cuenta? La vida da vueltas. Muchas vueltas, muchas, incontables, o, quizá si son contables, pero si las cuentas te pierdes de la vida, o sea, mirar las vueltas que da la vida no garantiza que estés viendo a la vida, solo sus vueltas, y vivir la vida no quiere decir que sientas las vueltas; todo es relativo.

Esto es como una conclusión, pero sin repetición, algo así como un amasijo de ideas que salen de lo anterior, con solo mirar nuestro interior, lo más profundo, lo que casi nadie ve en este mundo. Y si hay repetición, pero como ya dije, distintos nombres, lugares, fechas. Varianzas, últimos polvos, sótanos 9, 10, 11; sonidos de goce, promesas y destroces. Y siempre finales, creo que en mi vida siempre han existido más finales que comienzos, a caudales lo uno frente a lo otro, no tiene lógica, pero así es mi vida, sin otro sentidirijillo, como diría Ned.

No es triste, me gustan los finales. Mi vida es un epílogo constante, y no sé si ese es el motivo por el cual leo un libro tan rápido o si es el efecto de leer libros tan fugazmente aguardando los finales. Lo cierto del caso y moraleja de la noticia: adoro los finales. Puede ser que sienta que cada final es un nuevo comienzo, ¿y que mejor forma de remediar los errores que volver a comenzar? Eso lo aprendí jugando al tan famoso e inigualable Super NES, donde al jugar con los hermanos bigotudos, cada vez que moría volvía a empezar desde el principio, vivito y saltando, cogiendo moneditas y como si nada.

Hasta que se acababan las vidas.

Pero, nada de eso aún, todavía me quedan vidas, muchas. La cosa es que estoy dando vueltas y siento que estoy aprendiendo mucho, pero siento que se me olvida algo. Y para explicar esto traigo a colación, o saco a bailar a dos frases:

La gente aprende a los coñazos.

Y, si todo marcha bien, seguro estás olvidando algo.

La primera es popular, la segunda es del más grande físico alemán de todos los tiempos. Y entonces concluyo: estoy aprendiendo, y lo que estoy olvidando es el golpe que me voy a llevar, solo que se está posponiendo, es como una deuda en una tarjeta de crédito. Aun así, no siento miedo, mientras no haya pasado aun, no hay de que preocuparse, veremos si puedo finiquitar esa deuda antes de que me la cobren con intereses, veremos.

¿Qué más? Lenguas en las gargantas, dientes en los pezones, y queso a borbotones. Me limito a explicar eso de una manera más técnica y menos expresiva y mordaz. Pues la sensación de éxito es genial, pero la moral, ¿Dónde está? Se perdió en el tumulto trabajador, donde la pasión domina a los sensores y no neutraliza a los motores, los acelera. Fuerzas necesarias para mover al Allure of the Seas o al mismísimo Knock Nevis se le aplican a una embarcación de esas de fábulas, ya saben, el barquito chiquitico que no podía navegar, y pues el resultado es espantosamente atractivo, pero destructivo, velocidad de la luz, ¡pero adivinad!: el ser humano no resiste tal velocidad.

Tragicómicamente dantesco.

Limón, café, licor.

Algo por el estilo es lo que recuerdo de estos días. También recuerdo un reto que tiene nombre, y aparato reproductor femenino, por no decir vagina. ¿Qué ciencia tuvo eso? Ninguna, así es el humano, termina errando aunque sepa que vaya a errar, peca de yerro la frase más prevenida y supuesta, y aunque guerra avisada no mata soldado, siempre lo mata, por descuidado. Irónico otra vez, ¿no? Repito ahora pero con otra terminología: así es la vida. Y se resume: el humano es vida, y la vida es el humano.

Común, ya saben, ¿no extrañaban esta serie? Yo si, y quizá ya a estas alturas hable solo en este blog, pero qué más, mis letras quizá son lo único que tengo, no las puedo dejar. De igual manera, no se puede vivir de quizáes, o tal veces. Allí pruebo al lector fiel, que debería saber, que de inventar palabras vive aquel, el escritor novel.

Nada más, solo una despedida clásica, antes de que se prenda.

Porque se va a prender.

Seis.