En algún determinado momento nuestro protagonista admitió que si tenia capacidad para dicha astucia, la grasa faltaba en aquel esquelético cuerpo y el potencial era mayúsculo, quizá ese momento vino dado por la exigencia que se presento y requirió una acción necesaria mas que astuta, en si, la incentividad se presento como si esa fuera su casa, como la propia prostituta.
La junta insospechada mencionaba posibilidades nunca soñadas, era la oportunidad de aprovechar la oportunidad de no dejar ir otra oportunidad, eran momentos y bofetadas sucesivas en ordenes explícitos que requerían reacciones inmediatas, no había tiempo que perder.
Empezó una historia de repetitivas ejecuciones de tejidos, la muerte y resurrección de innumerables engranajes móviles que desarrollaban potencias insubordinadas, leyes de la física en su estado mas puro, con días de adelanto y perdiciones en el dolor, la ocasión no pintaba para perdedores.
Y en las arterias corría la sangre de los asesinos a velocidades de vértigo, y con visibles evidencias de resurrección el animo subía a millón, la definición de los muertos era gigantesca, pues el peso soportado era el mayor y de a grandes pinceladas aumentaba el volumen, era la evolución.