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El peor de mis fracasos




En la cotidianidad de lo normal, la vida empezó a ofrecer cosas sin parar, las opciones no eran múltiples pero si mostraban esperanzas eternas detrás del cristal. En sentidos figurados y supuestos anunciados el modelo perteneciente era apreciado como el mas valioso tesoro jamas guardado, con pinceladas de perfección y ápices de eternidad, la blancura perfecta de aquella inocencia era sinónimo de su celestialidad, y la brisa dejaba tras la sabana esa silueta tan inmutablemente hermosa de origen divino. 




La búsqueda había terminado, pues cuando ángeles caen no hacen falta curanderos, y la emoción de miles de nervios ópticos recaía en la presión de una visión hacia lo desconocido, era la mas ínfima muestra de comunidad, de monotonía. Apenas se apreciaba, sin detalle alguno, que la intención de aquel ser del paraíso no era mas que instalar su sombra en el rojo sofá perdido de Nashville, y mostrar algo único, si, pero solo en un momento único. 

Encendió y apagó la linterna, era Potter sacando momentáneamente la piedra filosofal de su simple bolsillo, la efimeridad de lo imposible y la vista de un ciego que se conformaba con la pequeña luz, pues aquella chispa del encendedor brindaba una esperanza, una ultima esperanza.


Eran las tres veinticuatro de la mañana, no nacía nadie y tampoco había alguien que no había dormido nada, era simplemente la hora que marcaba el reloj cuando algún señor jefe realizó que su enviado no hacia mas que la labor de un ilusionista, ya había un Edward Norton sobre la tierra, así que no era necesaria aquella luz discreta. Las opciones se barajaban y la junta terrenal no opinaba, era cuestión de divinidades el destino de Artemisa en aquellas fronteras de existencia, la canción de amor no se escuchaba en el fondo, incluso la novena de Beethoven tampoco sonaba en los alrededores del museo templario, el silencio reinaba, era la decisión mas importante de las superiores deidades, la perfección eterna juzgando a la perfección efímera ¿qué diferencia había?

Cronos levantó la mano y pidió excusas al profesor para ir al baño hace unos treinta y dos minutos, aun no ha regresado, sabe bien que la presión existente recaerá sobre él cuando la partida de jefes se de cuenta del manojo de soluciones posibles, y la inferioridad de su valentía no le permite afrontar aquellos miedos, en especial a Persephoné, aquella famosa e insalubre canción trágica de gigantescas dimensiones, donde la prisión esperaba ansiosa a aquel dios irresponsable.

Se adelantaron sesiones de armas codiciadas y de modelos arraigadas, de fortunas existieron y agradables trabajos defensivos trajeron, la nulidad de dichas expresiones brindó una mayor importancia a aquel que esperaba ansioso en las grandes puertas del palacio para fotografiar al acusado con el rostro roto, al descubierto y sin asombro, con la neutralidad inerte que expresa la acidificación alcalina, era la sal dulce de tiempos berbecuenos, era la mas grande muestra de necrofilia insensata con partes involucradas, pero la decisión aun se postergaba.

La cuestión de algunos días es la presencia del error pasado con amargas bofetadas de decepción, era la exclusión de aciertos sencillos que demostraban el fracaso, el pasado enamoró al distanciado y exiliado, con refinada dedicación lo fue sobornando con su amor, y expreso a aquel imbécil cosas que nadie quería escuchar y sorprendió con luces de intensidad sin igual. La basura engañada era trasportada a su aplanamiento y subyugación, para ella el tiempo era una ilusión y no supo distinguir bien la duración de aquellas luces sin fulgor y no logró aquello inlograble pero aún así alcanzable, encantó con sus falsas esperanzas al caído conformista y acomodó los cojines para su desagradable estancia.

Con promesas de cambio se interpreto la canción de soledad y con indudable inexperiencia se aprendió a mentir, la decisión mas justa parecía evidente, era obvio y ya todos los periodistas predecían la sentencia, pero casi nadie sino nadie sabia acerca de los sentimientos de Zeus por el caído, era increíble pero allí se me reveló eso, era el talón del mas grande e invencible; por experiencia se denotaba debilidad en aquel punto, si saben recordar, Brad Pitt alguna vez lo experimentó, y por ende no había posible solución.

De postergaciones indefinidas salieron doctorados los presentes, igualando a las antiguas estrellas ausentes, con cánticos de guerra se declaraba la paz y con sentidos abrazos se deseaba la muerte, era un desastre cómico, era la tragedia más mal escrita, una convención de poetastros juntando versos para la reina, declarando impuestos en Hong Kong y procreando trillizos en China, la anomia absoluta con un gran error, indudable era aquel, pero se desconocía su nombre, era extraño y aparentemente insoluble, raro y poco voluble, sin espuma ni nata, sin flores ni espinas, bellezas artificiales con luces vacías, la presencia efímera de aquella renombrada perfección, una a la que se le preguntaba constantemente el porqué de su conformismo, era la pregunta sin respuesta y el tornillo sin tuerca, sin sentido y sin otro sentido, sin uno y sin dos, menos tres, dudable el cuatro, imposible el cinco, utópico el seis, incomprable el honor, nada barato, sin respuestas caminaba, y con presión se guardaba, la pintura no manchaba, el pincel no admitía movimiento, fijo en su aposento, el inútil ni siquiera pintaba a trazos, era cuestión del deudor admitir, que de parte de él había nacido el peor de los fracasos.