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Adicción sin fin





La pregunta ronda los espacios perdidos de la vida en planetas alternos, con cúspides turbulentas y miedos eternos, las dudas salen a flote en aquellas tormentas de desasosiego, sin rumbo y con completo desvelo, me arriesgo para saber hasta dónde llego.

Y en la caminata más larga y cansina, se desvelan más atribulaciones que aumentan las sospechas, de que hay alguien que detrás camina, sin ser visto desde haces muchas fechas, por lo que es suponible que el peligro, complejamente acecha.

Y en cuestión de minutos la decisión del reojo ha de tomarse, para en sentidos figurados poder los miedos sosegarse, pues si no las vacilaciones darán paso al apolillamiento, de aquellas bases débiles, que no son más que asquerosos esperpentos.

El apogeo del movimiento ocular es principio de la experimentación del encanto, de saber que tanto, puedes resistir al mirar, una perla negra única y singular, que seduce el iris más enraizado, e ilusiona al más ávido lince espectador, que aun indubitablemente arrepentido de no haberse marchado, no deja de mirar sin pudor.

Y sin compostura se voltea de inmediato aquel individuo con temores, sin recato pero con más que obvias aflicciones, y destruye las incertidumbres plurales de atormentamiento, irónicamente atónita la palabra que suelta su lengua con el más grande esmero, él sin saberlo asesina el acechamiento, como si fuera parte de un hechizo, hola, por qué demonios sigues a este indivisible sujeto tan huidizo.

La noche cada vez se hacía más larga, y el movimiento de las agujas del reloj imperceptible, la lluvia que se desmoronaba en el suelo parecía incisiva, mordaz, amarga, aquella piel parecía indefendible, impugnable, destruible, aun así la vida continuaba su itinerario y este hecho parecía malditamente increíble.

No existió respuesta alguna debajo de aquella medialuna, solamente la mirada que se mantenía fijada en el asustado, uno que quería matar sus dudas una por una, pero ya se encontraba perdidamente enamorado, con más que la sensación de no entender el porqué de dicha gracia, sabía que si decía que no sentía nada, no sería más que una absurda falacia, una mentira muy mal disimulada.

Y cambiando la perspectiva del lector, hay que decir que aquel alguien caminante y perseguidor, ejercía sobre su objetivo una brutal presión, intentaba traspasar su piel sin compasión, asesina de realidades y creadora de ilusiones era aquella persona, que imponía una hermosa autoridad afín, y sin necesidad de una genéticamente superior hormona, indujo al desdichado a una adicción sin fin.