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Dialéctica







Te supe la cura,
de estas depresivas situaciones,
sutiles depresiones;

no exactamente tú
sino algo de ti, quizá una de tus
cinco extremidades.

Trece veces volviste
(no las conté
pero me gusta
ese número;
tampoco volviste,
siempre fui yo),
y trece veces
me viste,
en esa puerta,
semi desnuda,
desértica a priori,
anegada a posteriori.

Viví en la puerta por meses, mi amor,
no comía más que entremeses,
y no me dormía
por más que quisiese.

La gente decía que se me iba a ir la vida ahí,
pero ellos no sabían que tú ya te habías ido.

Hasta que me di cuenta
de que yo era Mahoma,
y tú la montaña,
no me moví.

Por eso volví.

Pero volví hasta que me fui;
y más bien yéndome
volví a lo mismo.


¿No te das cuenta?
Vivimos de vueltas,
no solo es la tierra,
ni el sol, ni la luna.

Vuelvo a necesitar de ti,
y estoy pensando en sacrificar
lo más importante
por un pedazo de carne.


¿Y qué es lo más importante?





–Riley
(heterónimo)