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Caracas, veintidos años de velocidad





―Marico, ¿dónde estamos?
―Tranquila, más abajo está.
―Qué ladilla, estoy burda de decepcionada.
―Son vainas que pasan, pero no sé qué decirte.
―Uno no puede hacer nada.
―¿Te imaginas que la vida fuera fácil?
―Mira, allá creo que es el beta.
―Está cerrado. ¿Aquel?
―Puede ser, pregunta.

―Nada.
―Marico si no nos tomamos unas acá.
―Verga sí, ¿tienes? ¿Ni pa' una?
―No vale, sí hay.

―Dos polarcitas porfa.
―¿Esta es crédito?
―No, es Visa, pero débito.
―No, esta funciona como crédito igual, no la aceptamos.

―Pasa las dos ahí y yo te transfiero.




Se han detenido a ver el cielo de noche mientras caminan, ¿no? No. La ciudad no lo permite. Piénsalo. No por más de tres segundos. Pasan y ya sientes que tienes un carro encima. Una moto. Una camioneta full de gente, de gentes. Sin don de gentes. Los cielos siempre claros aunque sea de noche porque tanta luz ilumina pa' abajo pero refleja pa' arriba, pa' encandilá' al barbudo. Lo hice. Por el medio de la calle. La brisa de Propatria fresquita. Aquí se llaman Las Brisas de Propatria no en vano. Es, para mí, el mejor microclima de Caracas, y eso que no he probado todos los demás, así que no tengo base para decirlo. ¿Que así no era? Pura velocidad, puro caos, puro desorden. Así me gusta a mí, a pesar de que así no me gusta, a veces. La panadería llena, las licorerías igual. Las peluquerías; las chismoserías. No son las mismas. Las mesas de dominó. Las patrullas de pacos: dos brujas y dos femeninas. ¿Tirarán? Los perrocalenteros. ¿RAE, tienes eso? "Contodo" debería ser una sola palabra, no dos. Mis piernas ya se acostumbraron a este barrio. Estas subidas que son bajadas, y marico el que le llame pendiente. Senda jeva. ¿Y las jevas? Ojalá. La luna no está, pero igual sigue claro, a esta hora. A estas horas. ¿Cuál es la diferencia entre plurales y singulares? Yo digo que plurales izquierda, y singulares derecha. Monarcas. Las luces de los carros y las motos sirven como postes de luz, estaba pensando. Si no fuera por ellos, nos robaran. Los motorizados. No, no nos robarían los motorizados, sino que los que nos iluminan son los motorizados. ¿Para que no nos roben los motorizados? Nunca me han robado. No sé de qué hablas, y no, no es sarcasmo. Veintidos años de suerte, o de velocidad, quizá.