un segundo, de soledad,
sin ti,
dura
nueve mil ciento noventa y dos millones seiscientos treinta y un
mil
setecientos setenta oscilaciones
de la radiación emitida en la
transición
entre los dos niveles hiperfinos
del estado fundamental del
isótopo
ciento treinta y tres del átomo
de cesio, a una temperatura
de cero kelvin.
He descubierto que
un minuto, de soledad,
sin ti,
dura
sesenta segundos;
y que,
una hora, de soledad,
sin ti,
dura
tres mil seiscientos
segundos.
He descubierto que
un día, de soledad,
sin ti,
dura
veinticuatro horas,
y que,
veinticuatro horas, de soledad
sin ti,
duran
mil cuatrocientos cuarenta
minutos.
He descubierto que
una semana, de soledad,
sin ti,
dura
siete días,
y que,
siete días, de soledad,
sin ti,
duran
ciento sesenta y
ocho horas.
Descubrí entonces que,
un mes, de soledad,
sin ti,
son cuatro semanas,
y que cuatro semanas, de soledad,
sin ti,
son veintiocho días,
y que veintiocho días, de soledad,
sin ti,
son
un mes,
o cuatro semanas.
Descubrí entonces que,
un año, de soledad,
sin ti,
son doce meses,
y que doce meses, de soledad,
sin ti,
son cincuenta y dos semanas,
y que cincuenta y dos semanas, de soledad,
sin ti,
son trescientos sesenta y cuatro
días.
Al fin y al cabo,
un lustro, de soledad,
sin ti,
serán cinco años,
y dos veces cinco años,
serán una década, de soledad,
sin tí,
o dos lustros,
o diez años, de soledad,
sin ti,
y...
no sé si llegue a
un siglo, de soledad,
sin ti.
Pero al fin y al cabo,
un siglo, de soledad,
sin ti,
serían diez décadas,
o veinte lustros,
o cien años, de soledad,
sin ti.
Imagínate,
nada más escribiéndo esto,
hasta ahora,
he estado,
veinte veces
veinte veces
sin ti.
Cuéntalas.
Imagina cuántas veces sin ti
estaré en cien años de soledad.
Se me va la vida
sin ti
se me van los segundos y minutos
sin ti,
horas y días
sin ti,
semanas y meses
sin ti,
años y lustros
sin ti,
décadas y siglos,
sin ti.
Al final descubrí que estoy,
y estaré,
siempre sin ti.