Leer una entrada aleatoria

La magia de amar



Me fui introduciendo en ti poco a poco, paso a paso,
sin notar que me estaba hundiendo tanto,
que me andaba enamorando.

No pensé llegar tan lejos y caer allí,
en la profundidad de tus lúgubres ojos,
pues noté en tu piel una tristeza hecha de miel,
por ello tus noches llenas de antojos.



Sentí tanto que constantemente me preguntaba
qué fue lo que vi en ti,
qué tanto puede tener esa hermosa sonrisa,
qué tanto para volverme una presa sumisa.

La verdad es que mucho y poco, mucho porque eres tanto y poco porque te siento poco.





Así tu piel me es esquiva cada noche que la deseo,
no porque no quieras sino porque estás un poco lejos.





No caeré aquí en tristezas porque me basta con cada noche
que no te tengo cerca durmiendo entre mi cama
y yo.

Tú como el niño y su piyama
bañada en rayas,
yo como las velas de mis madrugadas,
bañadas en lágrimas.



Aún así pensarte tanto me hace feliz,
aún así soy feliz siendo no tan feliz,
porque es que tú me llenas de deseos,
de esperanzas, de sueños;
por ti no vivo, pero por ti siento que estoy viviendo.

Por eso mis expectativas contigo vuelan tan alto como este amor que siento,
y lo siento
si algún día llego a esperar tanto de ti,
pero para mi eres como una luna llena,
preciosa, gigante y serena,
¿y quién no le ha pedido un deseo a una luna de esas?




No he querido llenar mis letras de palabras raras y adjetivos raros,
tampoco me he preocupado en llamar a las redundancias pleonasmos;
mucho menos me he molestado en rimar demasiado,
para qué tanta complejidad si ya tengo dentro demasiado,
tú en tu simplicidad y sencillez he de decir ya me has cautivado,
así que para qué pedir los cráteres y el halo,
me basta con que seas mi punto blanco:

que llenes mi firmamento y de reojo te vea,
que sepa que estás allí aunque no te esté mirando,
que sienta tu calidez aunque no me estés abrazando,
y aunque tampoco me estés mirando saber que me deseas;

que las estrellas te adornen y me hablen de ti,
que el oxígeno de la noche me haga respirarte,
que las nubes llenas de cielo me hagan imaginarte,
y que si en algún momento lloro, sea por ti.

No me quejaré, me encanta que existas, que respires y vivas,
que tengas nombre, esa dulce cara y esa excitante voz,
que estés en mi recuerdo, en mis sueños,
que estés, y yo sepa que estás.

Y no importa si algún día me dejas de mirar,
la luna no sabe que existo y aún así no la dejo de amar.