Leer una entrada aleatoria

Café y cigarrillos




Me embargo de tristeza al ver las cosas tan bonitas que escribía para ti hace un tiempo porque ya sé cuales son las que escribo ahora, una musa al fin pero musa cambiante. Musa desconocida porque aunque se intente adivinar para quien son las letras, casi siempre es quien menos se piensa, solo escrutinando muy minuciosamente se puede encontrar lo deseado, pues la elaboración está especialmente diseñada para crear confusión. De igual manera los cielos cambian conforme a las horas y algo similar ocurre en mis dedos, en mi corazón y en mis entrañas, que se llenan de nerviosismo con pensarte o asimilarte, luego un torrente de despedidas se asemejan a un atardecer y cae la noche, cuando desconocidamente las olas son tan frías como un beso esquimal en el páramo, y empiezo a delirar con historias de amor, o de dolor, porque así son todas las historias de amor.

Fui tocado por un momento de lascivia y caí en sus brazos, aquellos que quizá nunca debí haber mirado, porque me sentí en un refugio tan cómodamente pequeño que cada vez que sentía que los brazos se alejaban, se apoderaba de mi un sentimiento de miedo irracional que no me dejaba dejarla, ni siquiera dejar de estar en sus brazos. Una vez sentí todas las millas de lejanía cuando se fue, fue que recorrí mi ser interior en busca de algún rastro de amor, de ella, y fue cuando encontré lo más hermoso: nada. Porque sin ti yo simplemente no fui nada, luego volviste y me enteré de todas las cosas que me había perdido sin tí, fue como volver al mundo, mi mundo eran tus brazos, tu hermoso regazo. En tus pupilas vi toda la parte del mundo que habías recorrido sin mi, vi tus sonrisas sin mi y fue cuando más me llené de miedo, habías vuelto pero no sabía por qué. Yo moría por ti y tu vivías sin mi. Aún así pensaba aferrarme a ti más que nunca, nunca te iba a soltar. Una mañana desperté y no estabas más. Fue cuando creé las ahora famosas cataratas del Niágara, antes fue una tragedia, recuerdo bien todos los muertos que hubo a causa de esa inundación. Perdí el conocimiento mientras me ahogaba, luego desperté en una isla desierta contigo ante mis ojos, solo habías ido a comprar café y cigarrillos. En el mundo real la gente no sabía que sucedía, y en mi mundo, tus brazos, tampoco se sabía que pasaba, pues tu miedo era aparentemente más grande que el mío, pero no todo lo que parece por fuera de manera tal, tiene que ser tal por dentro, he allí la sinfonía. Te fuiste convirtiendo en un recuerdo alegre pero doloroso porque ya habíamos dejado de ser los mismos, y siempre ibas a comprar café o cigarrillos, mientras yo vivía muerto, o moría vivo. Cada instante que pasaba sin ti era una tortura, cada instante que paso sin ti sigue siendo una tortura, de esas que duelen en el alma como un apretón de pecho, como un nudo espantosamente inacabable que se apodera de todos tus sentidos y te deja un sabor de incredulidad en la boca, en la mente, "no puede ser verdad". Pero cada vez lo era, fuiste siempre mi unicornio azul, y siempre ayer te me perdías, como la maldita canción, una que escuchaba mientras me ahogaba en lágrimas. Luego cuando salía de ese bucle, pasaba a la otra canción, Ángel para un final. Aún se me escalofría la piel con esas notas y esa voz, esa letra tan marcada en tu piel, en tu recuerdo. Nunca se terminó de callar el sentimiento y la esencia seguía tan intacta como el sol ante el impacto de una mariposa ingenua, inclusive más arraigado y sentido, roto pero resiliente e inmortal. Una casa muerta y sin ti, es lo mismo, inenarrable dolor de fantasía, mirarte en el espejo cada día, cada lágrima es una letra de tu nombre, y mis ojos escriben tu nombre más de cien veces, una caligrafía con lágrimas, de tu nombre en mis mejillas. Luego sonrío y me río tan vacío como por dentro sin sentido, y con un par de soles en los ojos como simple reflejo del día, pero por dentro hay dos lunas nuevas, que a veces crecen cuando logran divisarte pero son esperanzas efímeras que mueren a los pocos instantes de nacer, como cualquier cosa que muera al nacer. Tuve que salir a comprar cadenas para amarrar mi vida, porque se quería ir contigo, tuve que comprar un hilo y una aguja para coserme el corazón a los pocos segundos de que te fuiste a comprar café y cigarrillos. Aún no sé como va a terminar esta historia, hace horas que saliste a comprar de nuevo, en mi condición apenas me puedo levantar de la cama y no sé donde guardas el café, mucho menos los cigarrillos, así que no sé si había que reponerlos o no, estoy esperando mientras observo la ventana, atando fuerte la vida y preparando el alcohol y los guantes por si tengo que coser de nuevo. Acaba de sonar la puerta, alguien la abrió, solo espero que seas tú con café y cigarrillos. Aunque ahora que lo pienso, nadie más tiene la llave de nuestra casa, así que seguro eres tú, y realmente no me importa si traes café y cigarrillos, solo espero que seas tú con tu mirada de siempre, con tus ojos hermosos, tu sonrisa encantadora y esa dulce voz que me lleva al cielo, solo espero que me abraces y me beses como si mañana no fuera mañana, sino que fuera el siempre, así cada mañana será siempre y estarás conmigo para siempre mientras llegue la medianoche a tu lado. Solo quiero que esto, lo que sea que tenemos, nunca acabe, así como en la tienda extrañamente siempre tienen café y cigarrillos.