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Acábame



La ilusa sonriente del 248 que salió en prendas menores y me sedujo con pasión y picardía. En eso se graduó con honores, summa, para nada tardía. Su piel blanca me encegueció, sus labios rosas destruyeron los míos, las uñas tan perfectas de las que era dueña las sentí desde el corazón hasta el estremecido final de mi espalda. Mis manos aprehendidas juguetearon con su vestido en donde sus nalgas hacían un investido lugar, sus piernas y sus astilladas por los nervios rodillas, ante el suelo semi-húmedo y el frío del valle de aquel campus, ante todo lo no mencionado por respeto a las víctimas del break. Solías ser lo que ya no eres mi cielo, solías rezar para el señor los domingos y ahora rezas frente a mi sin motivos, solo los más lascivos, los que se relacionan en pormenores con la sin-músculo, con el canto glorial de las iglesias que requiere aes y oes, vocales abiertas, muy abiertas; con tonadas profundas, muy profundas. Niña manos de tijera. Capitulo uno. Al dos y tres se le sumaron mejores posiciones y comodidades, mejores estadias y tiempos de estas, sofás, sillas, mesas, tal como fiesta, mesa para dos. Hicimos palacio aquella casa y aprovechamos cada minuto, día exquisito en el calendario, día inolvidable y fecha especial, resaltar. Si hemos de tener apócope, es sonrisas, risas, alegría y felicidad; y ese aunque tan largo, aún es, porqué somos mucho más. Al cuatro se le sumó el climax, el estallido vocálico, al cinco la ducha innumerable y el sueño agraciado, al seis paseos nocturnos con nombre de ilustres y próceres, hambre y ciudad. Así hasta el más cercano infinito. Si lo dudas, cánsame, para que pruebes que contigo soy incansable, sáciame, para que notes que contigo soy insaciable, pruébame, para que te des cuenta que el fin es improbable, cúrame, para que diagnostíques, doctora mía, que mi locura por ti es incurable.

Y para que realices que mi amor es inacabable, acábame.




"Vistete y vete,
aprenda,
cállese y respete."





Diez días





Ella camina con el alma desnuda, simulando que cada ave es un suspiro en el atardecer, que cada ola es un beso, cada persona, es él. Callado aguarda, en la azotea del último edificio de la última calle, antes del borde, cerca del final, cada persona una hormiga, y cada nube una almohada. Se acerca a una cafetería y piensa en él, en la primera cita, en el primer y último beso, en aquel instante. Se acuesta y suspira, mira el infinito y se siente como un globo que toca las cuerdas de aquella guitarra, una que allá suena.

Él salió de la tienda, tropezo con una chica y pensó en lo hermosa que era, y en sus lindos pómulos. Iba a entrar a su tienda preferida y vio un perrito ladrar muy fuerte, volteó y apenas lo hizo tropezó con un lindo chico, sin duda quiso tropezar con él toda la vida. Abrió la puerta y entró, se sentó a cenar y beber aquella cosa especial, encendió la televisión y sintió el frío alrededor, en todo el tiempo en ella nunca pudo dejar de pensar. En la película se narraba un hermoso amor, se puso a fantasear, y el rostro de su chico ideal, era aquel, el del tropiezo.

Piensa y piensa, no para de pensar, lo quiere encontrar pero no sabe donde buscar. Quiere bajar, pero no sabe que va a decir, o que va a hacer, no sabe que esperar. Desea sus labios, su mirada, desea su abrazo, su cálido discurso, su hermoso regazo. Siente frío, quiere abrigarse en su piel, no en la de un oso o un tigre, en la de ella, pero al fin y al cabo no sabe donde está. Va a buscarle en su casa pero no está, nunca está, va al trabajo y tampoco, nada de nada, calles vacías y extrañas miradas. Va a su trabajo, pregunta si alguien preguntó y nadie preguntó, de inmediato se marcha con su abrigo de piel, luego llega a su casa y entra sin preguntar, le quisieron decir algo pero cierra muy fuerte su puerta al entrar. Quiere un abrazo. Quiere un beso.

Entró al tren, él también. No se conocían pero ya se habían visto. Pasaron cientos de luces, fueron miles de personas, pestañearon docenas de veces, las voces se cruzaban y se entrecruzaban, la música de fondo era una linda guitarra eléctrica y una bateria que marcaba un lento compás, una voz muy conocida en la ciudad, que se veía interrumpida en cada estación, y en cada subestación, habían personas que se daban cuenta de la química del ambiente y sonreían, al parecer no notaban que todos los notaban, al parecer todos notaban las sonrisas al quitar la mirada, era una historia que se narraba en una noche fría en la que todos deseaban ver una pelicula en sus casas, y la estaban viendo antes de llegar, todo parecía indicar un hermoso final, nada como aquel jueves once de marzo de dos mil cuatro, y por ello cada persona que se bajaba le decía a otra con la mirada, "me cuentas el final".




Al final él se bajó, ella se quedó, y allí terminó. Al día siguiente se tropezaron. Al otro día se volvieron a ver en el tren y se hablaron, quedaron en verse luego y así fue. La cita al día siguiente fue hermosa y provechosa, todo iba en buen rumbo. A los dos días él la vió con otro en el mismo café, no vio nada en realidad pero su imaginación le engañó. Pasaron tres días y no se volvieron a ver. Se extrañaron y nunca volvieron a verse, pues después de querer un beso se fue en el primer avión que encontró, y ella después de querer un abrazo decidió ir todos los días a su casa a buscarlo, el "todos los días" solo duró un día, pues al primero le dijeron que se había marchado para siempre, puñalada al corazón.




Mi futuro

Tus ojos mirándome como si el día durara tres minutos y fueran de ayer, tus labios besándome como si el gusto se fuera a perder, tus brazos rodeándome como si yo fuera a desaparecer, tus huellas marcándome como si algún día me fuera a desvanecer, mi fragancia embriagándote como si más nunca pudieras oler, tus palabras diciéndome cuanto me amas como si más nunca fuera a escuchar a tu ser, tus sonrisas enamorándome como si más nunca las fuera a ver, tus gemidos ahogándome como si más nunca te fuera a encender, tu pasión susurrándome como si yo no quisiera comer, tu mano agarrándome como si yo me quisiera perder, tu cabello coqueteándome como si yo no estuviera ya, perdido en tu ser.

Eso no se olvida, hay que tener mala memoria.

Mi felicidad lleva tus nombres, tus apellidos, tus iniciales, tu piel, tu rostro, tu sonrisa, tus ojos, tus labios; no, no se parece a ti, simplemente, en términos circundantes del alma sentida que aboga por el amor embriagado de sinceridad: eres tú, mi felicidad eres tú.

Y no sé cómo agradecerte.

Podrían existir mil circunstancias, podrían aproximarse mil meteoros, pero este amor no carece de sustancia, brilla sea o no sea oro, aquí, justo aquí, no está en sus planes terminar del mundo su estancia, no piensa jamás cerrar del amor los poros.

Pase lo que pase, prometo nunca hablar de ti en pasado.

Siempre tuyo, de ti.
Mi presente, mi futuro.

Para ti



Mírame bonito, como miran los niños a los pajaritos, mírame suave, así como vuelan las aves, mírame sin miedo, y solo mírame mal si me excedo. Sonríeme así, como yo te sonrio a ti, sonríeme con ganas, sonríeme, así no me veas, todas las mañanas. Recuérdame con los párpados, con el alma, recuérdame con amor, sin guerra, adiós a las armas. Siénteme con los dedos, con las uñas, en la espalda, qué importa si rasguñas. Siénteme con los labios así sea en las mejillas, siénteme con las piernas así sea bailando y no doblando las rodillas, siénteme con ternura y con cariño, siénteme como sienten los niños. Léeme con piedad, sin maldad, léeme con extrañeza, pero con sutileza, léeme con la mirada, léeme sin que te importe nada, léeme de nuevo, léeme una vez más, léeme así no escriba nada, de nuevo, una vez más.

Es que hoy se presentó la nube del mañana, me dijo que va a llover y que necesitaba alguien que me mirara, para que supiera que las gotas me mojan, y que también sudaba, entonces mírame. También se presentó el canal de televisión, me dijeron que que van a grabar y que iban a hacer una gran transmisión, necesitaban unos ojos tontos y una sonrisa en sumisión, entonces sonríeme. Después pasó el cuaderno y me dijo que escribiera en él, que me extrañaba, yo le dije que pasara por tí en tropel, que tu también tenías algo que escribir en él, entonces recuérdame. Luego pasó el corazón y me dijo que se había cansado de sentir, yo le dije que delegara su labor de sentir, y que delegara en tí, entonces siénteme.

Por último me encontré aquí, escribiéndo para ti.