Esta entrada empieza con un suspiro.
Estoy en un punto de mi vida donde me da igual casi todo, es un punto álgido, al cual nunca antes había llegado, aunque si probablemente me había acercado. Si me dan a escoger entre vivir o morir ahora mismo, pediría nada más que una moneda, la echaría al aire y simplemente esperaría con los ojos cerrados mi destino. Basta de eufemismos y reticencias, me da igual morir o seguir viviendo, porque aunque tenga planes, me da igual resolverlos o no, porque no encuentro sentido a nada.
Me bastó abrir una carpeta de archivos enviados y recibidos a través de la mensajería verde con el telefonito blanco, de hace algunos años, tres, para ser precisos, y miles de recuerdos llegaron solos, como agua en tiempos de lluvias recias, allí estaba mi pasado y parecía que había sido ayer, parecía que todo eso iba a ser mi verdad, parecía que ese era el yo definitivo, aquella época de Reymond, luego de haber abandonado el Elvis, era una época de cambio, extraña, de inmadurez pero con madurez, era una época para siempre.
Hasta que se terminó, hasta que todo terminó, hasta que empecé a ver todo lo nuevo, el año siguiente, y el siguiente. ¿Y qué será de mi siguiente año? ¿Y el otro? No son preguntas que me hago, son preguntas que desecho, porque las respuestas están en mi pasado, ya las tuve y aún las tengo. Todo cambia, y entonces, para qué hacer planes de vida si todo va a cambiar, pregunto. Irme, quedarme, hacer esto, hacer lo otro, todo da igual, no hay motivos suficientes para caminar. Es hora de nada, porque no hay que hacer nada.
Es complejo pero simple, tan ambiguo como la vida.
Hay vidas en riesgo, incluyendo la mía, pero una vida no es nada, cuando hay otros siete mil millones más de vidas aparte, dejemos el egocentrismo, no somos ni el centro del universo, ni ningún humano el centro del mundo, ni la última gaseosa del Sahara, somos polvo de estrellas, más nada que eso no, nunca, y jamás, ni en millones de años, literalmente, porque en millones de años seremos aún menos, seremos menos que cenizas del polvo de estrellas, luego, por allá cuando el sol agote su sagrado hidrogeno y apague su ser.
No es pesimismo ni optimismo, ni siquiera realismo, es, y diré como alguien de mi pasado dijo, un realismo optimista, aunque en esta oportunidad se da ciento ochenta grados al contrario de aquella frase. Tanto menos que vida quiero, tanto menos que nada, porque en realidad no quiero nada más que caminar y observar, ya tan pronto estoy cansado, veinte años me son suficientes para una vida tan larga como la que me ofrecen. Nunca quise vivir más allá de los cincuenta y tres años, mi gerontofobía dictaba ello, pero ahora otros motivos se suman, y ni siquiera me interesa pasar de los treinta. Quizá digan que estoy siendo apresurado, que soy joven, y todas sus idioteces, pero deben aprender a respetar los sentimientos, pensamientos, y deseos de los demás.
El mundo está lleno de mundos porque cada cabeza es un mundo, más allá del refrán es la realidad que esconde esa palabreria, ni Borges la comprendería, ni Benedetti la compartiría, por el simple hecho de que carece de un sentido clásico, y va más allá de lo mundano y social.
Una imagen, una foto, unas letras, unas palabras, todo ello me hizo pensar mucho, me hizo reír y casí llorar, los recuerdos son el alma del ser del futuro porque sin pasado ni siquiera presente, recordar es vivir dicen por ahí, y vivir dos vidas es posible si vives recordando, así que gracias a la memoria quizá los humanos vivimos ciento cincuenta años y no cien, y quizá este próximo veintiuno de septiembre del dos mil quince no cumpliré veinte sino treinta y cinco, y por eso este sentimiento tan absurdo para ti pero tan real para mi.
Quizá no estoy más que loco, frustrado, triste y aterrado, pero quizá lo que digo no es más que la realidad.
Prefiero vivir recordando que vivir viviendo, me falte o me sobre, soy feliz con lo que tuve, tengo, más no con lo que tendré, porque eso no lo conozco, y sí, la felicidad existe, y no es más que una decisión. No se trata de conceptos ni aritmetica, menos de biología o psiquiatría, solo se trata de decidir, que te sientes bien, que no importa nadie más que tu, entender que la soledad es nuestra mejor amiga, porque está allí cuando nacemos, al no saber quien nos rodea, y está allí cuando morimos, al no tener nadie que nos acompañe a la tumba, solo se trata de decidirlo, y de serlo, ser es una decisión, también, ya Will Shakespeare lo anticipó hace unos cuantos siglos, y lo hemos venido repitiendo en nuestros conscientes, para hacerlo realidad cuando inconscientemente entendamos que ser feliz es una simple decisión.
Aquí el epílogo y conclusión es que me siento perdido, sin saber que hacer, sin saber que no hacer, sin saber a dónde ir, a quién acudir, no estoy solo, porque tengo a varias contadas personas, si falta una, está la otra, si falta la otra, está aquella, y así. Cosas curiosas es que ninguna de esas personas lleva ni mi apellido ni mi sangre, pero de cosas curiosas está lleno el mundo porque no todo lo que brilla oro es, ni todo lo que es oro brilla. Este momento álgido está pasándome por encima sin destruirme, porque, como la canción que cantaba Rogers Waters y que compuso con su mágica guitarra David Gilmour, I've become comfortably numb, la igualdad de todos los hechos que me rodean es incondicional, porque entendí que nadie más va a estar cuando yo realmente lo necesite, nadie va a hacer lo que yo tengo que hacer, nadie va a dar la vida por mí cuando lo requiera, nadie es capaz de apostar todo por nada, nadie es capaz de ser completamente abnegado, y es obvio, porque las respuestas están dentro de lo que yo haría, y yo tampoco lo haría quizá, o no sé, quizá soy la única excepción, pero no estoy exento del interés y mi falta de tal solidaridad, como para decir que daré todo por nada, siempre esperando y aguardando estoy, y lamentablemente estoy condenado a vivir de decepciones, porque mi esperanza más grande yace sobre esta humanidad, sobre todos y cada uno de los humanos, pasando por los terroristas, los curas, y las prostitutas, en cada uno de ellos confio para que este mundo sea un lugar mejor, pero sé bien que no veré con mis propios ojos ese lugar mejor.
Mis esperanzas son un hilito fino que se ha medio roto, y está colgando de otro hilo un poco más grueso, con un nudo débil pero aún ileso. Ni siquiera esas ganas que siempre he tenido, de dejar un legado con cuarenta y seis cromosomas similares a los mios, está, ya está desapareciendo, y justo en este momento la susodicha algidez está en progreso. No sé a dónde voy a parar, y siento que se aproxima mi deceso, no sé por qué, pero esta es la parte irracional de este texto, simplemente lo siento, y ya, no hay más.
Al menos viviré un poco más con mis recuerdos aún en los impulsos eléctricos que queden después de mi muerte, solitaria y sin ayuda, una más de las cien que ocurren cada minuto en el planeta tierra.
Prefiero vivir recordando que vivir viviendo, me falte o me sobre, soy feliz con lo que tuve, tengo, más no con lo que tendré, porque eso no lo conozco, y sí, la felicidad existe, y no es más que una decisión. No se trata de conceptos ni aritmetica, menos de biología o psiquiatría, solo se trata de decidir, que te sientes bien, que no importa nadie más que tu, entender que la soledad es nuestra mejor amiga, porque está allí cuando nacemos, al no saber quien nos rodea, y está allí cuando morimos, al no tener nadie que nos acompañe a la tumba, solo se trata de decidirlo, y de serlo, ser es una decisión, también, ya Will Shakespeare lo anticipó hace unos cuantos siglos, y lo hemos venido repitiendo en nuestros conscientes, para hacerlo realidad cuando inconscientemente entendamos que ser feliz es una simple decisión.
Aquí el epílogo y conclusión es que me siento perdido, sin saber que hacer, sin saber que no hacer, sin saber a dónde ir, a quién acudir, no estoy solo, porque tengo a varias contadas personas, si falta una, está la otra, si falta la otra, está aquella, y así. Cosas curiosas es que ninguna de esas personas lleva ni mi apellido ni mi sangre, pero de cosas curiosas está lleno el mundo porque no todo lo que brilla oro es, ni todo lo que es oro brilla. Este momento álgido está pasándome por encima sin destruirme, porque, como la canción que cantaba Rogers Waters y que compuso con su mágica guitarra David Gilmour, I've become comfortably numb, la igualdad de todos los hechos que me rodean es incondicional, porque entendí que nadie más va a estar cuando yo realmente lo necesite, nadie va a hacer lo que yo tengo que hacer, nadie va a dar la vida por mí cuando lo requiera, nadie es capaz de apostar todo por nada, nadie es capaz de ser completamente abnegado, y es obvio, porque las respuestas están dentro de lo que yo haría, y yo tampoco lo haría quizá, o no sé, quizá soy la única excepción, pero no estoy exento del interés y mi falta de tal solidaridad, como para decir que daré todo por nada, siempre esperando y aguardando estoy, y lamentablemente estoy condenado a vivir de decepciones, porque mi esperanza más grande yace sobre esta humanidad, sobre todos y cada uno de los humanos, pasando por los terroristas, los curas, y las prostitutas, en cada uno de ellos confio para que este mundo sea un lugar mejor, pero sé bien que no veré con mis propios ojos ese lugar mejor.
Mis esperanzas son un hilito fino que se ha medio roto, y está colgando de otro hilo un poco más grueso, con un nudo débil pero aún ileso. Ni siquiera esas ganas que siempre he tenido, de dejar un legado con cuarenta y seis cromosomas similares a los mios, está, ya está desapareciendo, y justo en este momento la susodicha algidez está en progreso. No sé a dónde voy a parar, y siento que se aproxima mi deceso, no sé por qué, pero esta es la parte irracional de este texto, simplemente lo siento, y ya, no hay más.
Al menos viviré un poco más con mis recuerdos aún en los impulsos eléctricos que queden después de mi muerte, solitaria y sin ayuda, una más de las cien que ocurren cada minuto en el planeta tierra.