Leer una entrada aleatoria

Enigma





He allí nosotros, felices por momentos, tristes por otros, buscando en las más recónditas cuevas el anhelado salvamento. Y es que así transcurre la vida, a veces fácil, a veces temida, y en esta realidad perdida, es que se transmite la fantasía.

Ejemplifico, para que entiendas lo que explico:

Caminaba una noche fría, pero calida dentro de nuestra cómoda estadía, encendida la televisión, un programa transcurría, un reality show, yo adivinaba y pensaba las preguntas que hacían en el mismo, seguidamente tu me empujabas a un abismo, porque llegabas por detrás y me besabas, una y otra vez, me enamorabas. Sentada a mi lado, con tu cabeza en mi pecho, con tu mirada en mi mirada, desprevenida, tentada, y los problemas no estaban, mi presión no desfilaba, y todo era fácil, no pasaba nada. Eramos solo nosotros, tranquilos, relajados, esperando al tiempo, esperando lo natural, respirándonos sin dudar, entre uno que otro beso singular. Y tu amiga te llamaba, te ibas, yo solo quedaba, la televisión miraba, y cuando volvías, ya sabes: me enamorabas. Porque allí estabas, de nuevo encima de mi, dándole a mis labios una dosis de tu pasión, un poco de tu amor, un poco de realidad, mientras tus intensos besos despertaban mi sexualidad, y mis manos recorrían tu cuerpo, tus nalgas, que divinidad, y tu cintura me pertenecía, ya toda tú eras mía. Yo sé que querías, el placer ya te envolvía, ya el respeto se esfumaba, y tu deseo se acrecentaba, no lo niegues, se te notaba. Pero tu amiga llamaba, y la risa entre nosotros se escapaba, corriendo, era volver a la realidad y preguntarnos 'qué estamos haciendo', yo aguardaba, ansioso sufriendo, pues tu tardabas.

Hubo un momento, lleno de gloria, largo y sediento, mucha euforia, que se expresaba en besos, en caricias, en movimientos, tus piernas entre mis piernas, queriendo buscar, queriendo sentir, queriendo tocar, inhalando, respirando, aquella crónica del placer esperando, un momento para siempre recordado, tus ojos en blanco, la lengua fallando, al oido susurrando, mil cosas gritabas, mil cosas me ordenabas, pero sin emitir sonido alguno, tus ojos eran oportunos, me decian lo queria saber, sin miedo ni pudor alguno. Sabes a donde pudimos haber llegado, de no haber sido por el puto llamado...

Continuaba, volviste, pero esta vez tu me envolviste, de una hermosa forma vestiste, y para qué quitarte la ropa si así tan linda para mí te pusiste. Sentías mi mirada sobre ti, perdida volteabas, y mala mía, yo no disimulaba, mi objetivo lograba, allí venías a mis labios en bajada, sin acelerar, déjandonos llevar, no había roce, los besos iban en nubes de goce, tu te inclinabas en puntillas, yo sentía tu hermosa pose, mis manos te alzaban por tu sensual retaguardia, quería lograr tu sumisión ante mi daga larga, pero tu lengua en mi cuello destrozó mi guardia, y perdí, ya para ese entonces tu ibas en vanguardia; ordenaste: cárgame, y cargué con unas 92 libras de placer, mientras tus besos me intimidaban, porque no esperaba de ti tanta batalla, bajaste, y tus ojos reflejaban mi estupor, y allí llamaba de nuevo tu amiga, qué ladilla, justo entrabamos en calor.

Sin resumen, pero con conclusión, el ejemplo terminó, y la pregunta del público es, ¿quién allí pensó? Ninguno de los dos, solo había amor, placer y seducción, era felicidad, era tentación. Y aunque no lo crean, en el protagonista existía una presión, inmensa, lo digo sin pudor, pues se acercaba un momento importante y crucial para su vida, pero igual allí estaba, viviendo esa maravilla, solo con ella, pero sin sacarse la astilla.

Es posible cerrar los ojos e ignorar, es posible no cantar tragedias en las novelas inglesas al nuestro cuerpo duchar, Shakespeare y Shakespearito eran almas gemelas que describian en distintas fases sus vidas anheladas, y aun así nunca fallaban, pues podían hacer a un lado cualquier desgracia para sentir sobre ellos la gloria de la felicidad momentánea, efímera, casi subcutánea, que nace y crece a flor de piel cuando el reality pregunta cuánto es cien más cien, que sean ciento noventa y nueve y una para llevar, no cualquiera, quiero a esta chica que mis problemas me hace olvidar, lo juro, solo para ejemplificar.

Ratos dulces, ratos amargos, a veces negra, a veces color rosa, ya saben, la vida caprichosa, quita, pone, sube, baja, adentra, extrae, de eso se trata, dejarse llevar por ella, para ver si todo se da, de saber identificar, cual es el momento y cual el lugar, la cita con nuestra felicidad ya se pautó, y la de la tristeza no se atrasó, está escrito el equilibrio, despues de la hermosa tormenta viene la triste calma, vive mientras la relatividad atrapa, y disfruta, no preguntes tanto ni compliques el rato, aguarda tras el escenario y espera el llamado, júntalo todo y súmalo en notación sigma, después de todo eso es la vida misma, un hermoso enigma.





Presión (II)





Abre la boca, y disfruta.

Mamá, nos vamos todos al infierno. Siento lo que no siento, y lo que siento no lo entiendo. Empiezo y termino. Termino, y empiezo. No lo sé, al igual que usted. No lo veo, al igual que la novia de un reo. Es una maldita puta mierda todo esta porquería, y no me interesa si me disculpan por las putas groserías, pero ya me cansé de esto. Humano soy, con defectos. Pero me creo perfecto, y huyo de lo modesto. Intento y no logro, y molesto hago daño, como un maldito ogro. La vida me da oportunidades, no las aprovecho. Mi padre me estira la mano, que se vaya al carajo, no se la estrecho. Me da igual todo y a la vez quiero importarle a alguien. Para luego mandarlo al carajo. Y que siga siendo y estando allí. Inserte aquí la entrada «Mientras», porque allí están las palabras más de ser leidas sedientas. Basura soy al tratar como basura a quien no me ve como basura, pero esto es lo que hay, cariño. Sopórtala, porque de eso se trata la vida, la mia y la tuya, y la de tu mamá. El orgullo no se va. Y la arrogancia tampoco. Da igual, todo da igual. Déjenme en paz, porque no quiero dañar, a nadie, a nadie quiero dañar.

Soy un alma que ama estar sola, pero en compañia, pero al fin sola.

Empieza, desarrolla y concluye, es simple. Presioname y te maldeciré hasta que sangres por el cabello, critícame y haré lo imposible para que te retractes. Mala mía, así soy hoy, así era antes. No sé si cambie.

Espero que se cansen todos. Y espero que no se canse nadie. A la vez me importa y no me importa. Y si preguntas como es que hago eso, te digo quien soy.

Te muestro de mi lo peor. Te digo en prosas y versos lo mas inmensamente intenso. Miralos, he aquí en este golpe mis putos defectos. He allí en esa linea la droga que daña todo lo bonito y lo pone feo, para la foto, sin palabreo. 'Es bien, pero a la final es chimbo', diría el gracioso con complejo de Cortazar. No sé como es que esta impotencia se pasa, pero la vida me sabe a mostaza cuando caigo tan bajo desde la terraza. Rica, pero amarga. Puta vida. Y aun no me crece la barba. Espero mucho. Necesito tanto. Quiero todo. Cuando «todo» es la «perfección». Quiero dejar de sentir esta maldita presión.

Olvidé la parental advisory.




Al derecho y al revés






Adiós.
Ya no existes.
No existes.
Ya lloré.
Lloré.
Lloré.
Y lloré.
Te fuiste.
Te vi partir.
Te vi caminar.
Te vi dar la vuelta.
Me soltaste.
Al menos eso sentí.
Me disparaste.
Te despediste.
Sentí tu aroma.
Me abrazaste.
Me besaste la mejilla.
Me miraste con tus tiernos ojos.
Me dijiste unas cuantas cosas bonitas.
Llegaste ese día.
Pasó un tiempo.
Y...
Nos amamos.
Nos adoramos.
Nos quisimos.
Nos apreciamos.
Nos gustamos.
Nos tocamos.
Nos besamos.
Me enamoraste.
Mi corazón se aceleraba.
Nos mirábamos cada vez más.
Bailamos.
Luego...
Dijiste hola.
Me viste.
Dije hola.
Y te vi.
Volteé.
Y dije adiós.


Regrésate.
Un ciclo, acéptalo.





Besos...





Beso.
Era un rico beso.

Tomaste mi barbilla, la giraste hacia a ti, y he allí, el beso.
Rico, en exceso.

Y caminábamos, y era todo mi ser en ti, sin nada y a la vez con todo.
Por ti.
Sin ti.
Pero recordaba el beso.

Pero hubo un pasado, si, otro beso.
El primero.
Raro y entretenido, 'dámelo', 'dámelo tú a mí', y he allí:
El (primer y no único) beso.
Frondoso, como un lindo árbol de cerezo.

Y llegaron las miradas después de eso, algunas tímidas, otras provocativas.
Sin ningún tipo de prerrogativas.
Tus ojos clamaban una rica despedida.

Y he allí, la despedida.
¿Y cómo iba a ser?
Exacto, ¡qué lista!
Con besos.

Pero hubieron elásticas y bicicletas.
Lo siento, amo el fútbol, no se me ocurrió otro símil.
Iba a la mejilla, cuando saltó una pirueta.
Y se estrelló encima de mi barbilla.
Fue robado, pero al fin: beso. Luego sonrisas... luego otro beso.

Y fin.

Nos dimos unos ricos besos.







Infinito





Empieza; busca entre los más comunes montones, encontrarás solo mezclas y almas solitarias, desesperadas, canciones, pero nunca lo que esperabas. Y es que es muy difícil abrir los ojos en el momento adecuado, porque el miedo a veces impide que la vida de tantas vueltas como debería, a veces el orgullo es la piedra más pesada del rocoso camino, y no nos permite pagar al pobre con besos en la mejilla, con cariño. 

Indexa; calcula y analiza las variables, sopesa y mide, para escoger entre lo bajo: lo más alto; algo que se llama máximo local en términos de graficación de funciones matemáticas. Porque los números estadísticos dan ideas, y las apariencias engañan, por ello la pulcritud y seguridad a la hora de determinar lo que es veraz y lo que no, ha de ser esencial para lograr el objetivo. Pero al fin y al cabo, se encuentra algo muy hermoso, algo que vive y brilla, algo que enamora a los ciegos, una maravilla.

Desarrolla; determina las virtudes y errores, los excesos y defectos, para juzgar como un semidiós que no eres, para hacer ver que tienes el poder de encontrar en los demás lo que tu quieras encontrar, pero no lo que deseas en realidad. Porque en ocasiones la creencia de que la perfección está en el espejo, ciega y enmudece la verdad. Y todo empieza a ir para atrás, como aquel estúpido cangrejo.

Arregla; frena, apaga, enciende, embraga, acelera, cambia, intenta encaminar aquello que sobresalía pero que cuando ve la luz del sol sigue siendo un mórbido desdén por parte del caído ante la segunda guerra mundial, una economía fallida en tiempos del cólera, cuando las ánimas de las quebradas empezaban a sangrar por los ojos al observar las piedras fangosas introducirse en las cristalinas aguas del río Obi, por ello es que la vida se aturde, por aquello es que se aburre el ser, porque cuesta ser acorde, porque falta el querer.

Concluye; nada más que eso, ríndete a los pies de Artemisa, pues tiene la flecha de su arco en tu frente, y ya no hay más nada que hacer, encuentra otro desdén que te ayude a progresar, porque el actual ya encontró en su muerte el fin de una tortura más grande que la vida misma. Pero has de ser cuidadoso con la despedida, recuerda que el honor debe permanecer intacto, y el recuerdo ha de ser agradable, nunca querrás que el mundo se enteré de la gran basura que puedes llegar a ser.

Y este soy yo.

Me siento apenado y compadezco a aquel que se sienta identificado, pues no vales tanto como crees, y mereces menos de lo que quieres, porque lo que no encuentras es lo que tu no eres, idiota, hijo de Ceres. El fin justifica los medios cuando el objetivo es tan puro como impuro el intermedio, así que descarta todo fin que no tenga un buen método, ya que perderás todas las fichas en el más grande casino de Las Vegas.

No espero que nadie entienda jamás las letras de un arrogante que quiere ser servido en vez de ser servidor, una aparente luz que no brilla, y que destruye al vacío pero no llena lo insólito, juzga y decrece en su realidad, pero no sujeta ni ayuda a subir, o quizá lo intenta pero se rinde rápido cuando empieza el juego de fútbol. Una letra ingenua que se escribe corrida y sin espacios cuando la pereza hace su acto de aparición ante la vida de un obsesivo compulsivo de la limpieza y el orden, una ironía linda, pues sin otro sentido: hierve el desorden.

Por ello es que demoras en la intuición de la perfección, porque crees que no existe, pero en realidad es un límite que diverge, una tendencia a infinito, allá es donde se encuentra la perfección, si existe, y por ello es que el medio puede ser muy sucio, porque el fin es el inimaginable, nunca acaba, es simplemente infinito.



Esta es mi más pura verdad.
Y me avergüenza el hecho de invertir lo invertible,
de crear con dos mentiras una verdad,
de empujar a los que me empujan solo para que me empujen,
de morder la mano más suave:
aquella que me da de comer.

Y me avergüenza pero no me avergüenza,
porque con la cara bien lavada niego todo,
como el propio carajito,
y acuso de metáfora aquello que tiene toda la pinta de verdad,
y que es verdad,
por eso espero mi sentencia,
con café y galletas, analizándolo todo,
buscando mi más cercano infinito.