El tiempo vuela y suele ser cruel cuando demoras, cuando desperdicias tiempo planeando y planeando, meditando y meditando, dándole vueltas a la cabeza, quizá bajo las sabanas, quizá bajo el agua, quizá caminando y cruzando las calles con los semáforos en verde. El pensamiento no te salvará de ser arrollado por un sentir abrumador, el pensamiento no te dará respiración boca a boca cuando el nudo del sentir se te atore en la garganta, pensar y pensar, sirve de mucho y sirve de nada, ayuda mucho, y no ayuda en nada.
Quizá la
ciencia de esta vida sea la contradicción infinita, quizá solo vivimos de tal
veces y a lo mejores, aunque exista error de concordancia espero que se
entienda el mensaje, porque qué tal si… y quién sabe… nadie, o todos, no lo sé,
no lo sabemos, y pensar no ayuda a saber cuándo sientes que no puedes saber, se
da una involución cuando la disposición a mejorar está ausente, y cuando
quieres resolver tu presente y no puedes, quizá hay que esperar los próximos
presentes.
Es que,
para mí el presente es el cero más a la izquierda antes de la coma, y no hay
número más a la izquierda que él, porque es ahora, pero ya ahora no es ahora
sino que fue hace unos segundos, y así está el bucle, dando vueltas, en este círculo
que tenemos por vida, pero al fin y al cabo, existe.
Allí está,
es un pestañeo, es un estúpido pestañeo, todo cambia en cuestiones de ellos, rigen
el mundo de manera perfecta, siendo imperfectos, son la barrera que me impide
ver los ojos más hermosos por un tiempo indefinido, siempre son lámparas que
interrumpen el sueño de un iluso, siempre queriendo interponerse entre el amor
de estos ciegos, de estos soñadores. Y siempre es más importante de dónde
venimos que hacia dónde vamos, porque si nos perdemos aun sabemos cómo nos
regresamos, ¿y quién no sabe darse la vuelta y largarse? A mí me gustan las
despedidas, más si son mudas, ni una palabra, solo un pestañeo, y ya no estoy,
así me voy, entonces se cuentan los segundos con granos de arena y sal, con
besos antes del amanecer y miradas al despertar, mirando el futuro tomando el
pasado, de la mano sujetado, siempre respirando por los costados.
Esperar
quizá es la solución, quizá esperando lo logremos todo sin hacer nada, ¿quién
dice que el objetivo de esta vida es ser feliz? Inclusive, ¿quién dice que la
vida tiene objetivo? No caeré en relatividades porque obviamente el agujero se
tornaría negro, y los gusanos harían su entrada magistral y sideral, por ello
entonces solo esperemos, y veamos, y toquemos, y respiremos, y oigamos, y probemos,
probemos cada combinación, probemos todo lo que tengamos que probar, mientras
sintamos, nada ha salido mal; entonces corramos el riesgo de esperar, al fin y
al cabo vivir no es más que una larga espera, esperar el anhelado momento donde el
corazón decide parar, donde tiene vida el último pestañeo antes de nuestra efímera
muerte susurrar.