En un susurro se reconoce vuestro latido.
En esta vida sé cuándo
respiráis.
En un corazón se nota el
rojo, el negro.
En vuestro cabello, quiero
que se pierdan mis manos.
Mis ojos, vuestros ojos.
Una coincidencia que anhelo
cada día.
Una película de miradas,
casual.
Una oportunidad que se
pierde.
Una oportunidad que resurge,
que renace.
Dejaría de
miraros solo en mis pestañeos, y aun así, por causa de una imaginación que
vuela cuando os pienso, estáis siempre allí, sonriendo, latiendo, y yo por acá,
viendo, sin que os deis cuenta, admirando esa singular belleza que te dibuja,
una que me atrae en proporciones abismales, más que eso, más que nada, más que
todo, allí estás, aquí estoy, y estaría mil siglos más solo para seguir
viéndoos. —
Os hago mía, tú eres, tú serás, sin dejar de mirarle, y es que, si me permite
tutearle…
Tu
cercanía me sitúa en un estado nervioso.
Eres
sonrisa que quiero admirar.
Son
tus ojos aquello, lo más hermoso.
Un
par de océanos que deseo navegar.
Tu
inteligencia es plausible, admirable.
Y
qué decir de tus labios, provocativos, besables.
Sin
pudor, sin respeto, y sin otro sentido, singular.
En
vías de un futuro maravilloso.
Por
ti todo lo que quieras puedo esperar.