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Alucinaciones




No es la primera vez que me pasa que siento que pasan cosas en la casa, tampoco es la primera cosa que pasa en la casa cuando pasa lo que siento, mucho menos la casa pasa en cosas que primero siento.

Yo lo podía ver en sus ojos. Allí estaba todo configurado: el caos. Era un tormento. Su nombre de piel le hería por dentro y la vida se lo comía en todo momento. ¡Cómo no iba a fingir! Qué terrible eso de tener que sonreírle a tus paredes porque si no se te cierran, ¿dónde queda la colmena? Los techos me alimentan y la luz blanca de la lámpara se come la hoja con el lápiz, mi grafito. Él entraba a toda hora y yo era solo un par de piernas abiertas o un par de ojos que lloran. Solo veía su nombre y escuchaba sus ojos. 

¿Desde cuándo ya no quería compartir esas baldosas? Ese transpirar típico del suelo, esa vitrina maciza que escapaba de todo, ¿qué hay de aquel ave que se inmiscuía por las mañanas? Todo salado y a la vez dulce, umami, amargo y ácido. Se me quemaba la lengua. No sé de qué color eran pero mi manera de ver las cosas ya era mucho más distinta. Los agradecimientos me daban igual y todo aquel que quería abrazarme se moría.

Sin duda se siente el tristestar, la opción perenne que suprime lo perenne; algo así como la posibilidad de la imposibilidad de las posibilidades. Hay una esquina, ¿no? Por la cual ninguno de nosotros se atreve a pasar. ¡Qué bestiario! Ahí está todo el porqué, agotado en un círculo incompleto que se suma en restas y que rasguña los ojos. Sale el sarcasmo, la risa fétida, el ojo visceral, el golpe frontal. ¿Qué hay fuera de lo humano? Hay preguntas que no nos dejan soñar y por eso no les dejamos dormir. ¡Cuán sabias son las paredes! No hay ni siquiera un beso de buenas noches después de tanto dolor. Solo queda la adultez: el camello y el león. Un trago de ron.

¿Desde cuándo es tan difícil ser uno? Tiene todo sentido entonces pensar en todas las maneras posibles de suicidarse sin ser extrañado, sin ser olfateado, observado, tocado, sentido. No hay otro sentido. La extrañeza del absurdo es abrumadora y el piso luce como la opción más provocadora para yacer en. Como el dasein. Tiene todo el sentido el sinsentido, el absurdo. No hay beso. La noche es de los poetas, las putas y de los que mueren por amor. Se les quiso.