Hay una rotura en este sistema que me hace sangrar sin poder controlar lo que siento y desde ese sinsentido solo encuentro un discurso silencioso que corroe mi garganta; todo son pequeños gemidos que apenas suenan porque ni siquiera puedo encontrar alguna luz que me haga entender el porqué de todo este tormento.
Después de unos segundos solo encuentro una gloria vacua que no me sirve de consuelo, porque de mil trescientas veces sin caerme, solo una cuenta: la ausencia del cero y su voz magistral. Cuánto duele la oreja: no soy Evander, soy Mike. Pedir perdón duele más.
Y no se me ha muerto mi mamá.
Y ya amaneció, me tengo que levantar.