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Tu sonrisa es mi esperanza

 







Tal vez la música logre salvarme de este abismo vacío de unas ridículas ganas de alcanzar el ideal todo, como si fuera algo más el hoy cuasi insólito hecho del bienvivir. ¿Qué tan más es algo? ¿Qué tan menos es nada? Como entra el bajo en Tú sí sabes quererme, como raspa el riff en Jungle, cómo golpea la vocalización del ateo, y la querella del creyente; ¿cómo escapar de tanto arte? Imagino el fusil con ella, como si nunca habría dejado de haber sido lo que hubiese habido de ser si fuere lo que no hubiese sido. Soy un adelantado porque tuve el éxito desde los cinco y lo he tenido siempre: no he tenido que esforzarme para lograr lo que todos quieren. Mientras tanto, he tenido que esforzarme terriblemente para obtener todo lo que yo he querido; igualmente, lo he obtenido. Estoy en otra liga, pero allí también tengo un OPS de 1.129. ¿Quién me va a detener si no soy yo mismo? Y eso vivo haciendo. Ella me desea la felicidad como si no es una decisión que pudiera tomar en cualquier momento: solo debería conformarme, bajar mis expectativas a lo slightly above average. Eso requeriría olvidarme de ti, tal vez. No sé si también solo seas un capricho, pero en todo caso, serías mi único. No vivo vociferando lo que hago, lo que compro, lo que vendo; de vez en cuando se colea la suposición en los momentos de felicidad que tengo con mis hermanos de la vida (debería existir una palabra corta para ellos que no sea "amigos", pues esta última palabra la considero manchada y, para mí, a pesar de todo, el hermano aún es irrenunciable y sigo queriendo a los míos a pesar de que son menos hermanos que mis amigos). Nada muy a drede: tan inevitable como inocuo. Recuerdo, el año pasado, en plena pandemia, cuando no ganaba ni el diez por ciento de lo que hago hoy, sentir la envidia de uno de los que consideraba mis hermanos en mi propio cuarto, en mi propia morada, tras mi propia puerta; este año me parece sentir lo mismo desde otros ángulos y a veces es triste sentirse rodeado de la avaricia del mundo capitalista que nos configura desde siempre. Tal vez por eso silencio mis triunfos, aunque sean los más grandes de mi vida, porque prefiero que nadie me felicite por hipocresía como cuando Facebook te lo implora. Hace casi un mes más de cuarenta personas se acordaron de mí sin necesidad de un calendario inteligente: su corazón les recordó mi existencia, o su memoria, lo que sea que venga primero, y eso me llena de dicha y gracia. Duele cuando un par de pares no lo recuerdan: Emily, Emilia, Óscar, Verónica; pero ese dolor es real, y es el dolor que necesito antes que la mentira complaciente. Sé, indudablemente, que esas cuatro personas me aman inmensamente; tal vez Verónica no tanto, pero entiendo que un cumpleaños es un Festival de la Memoria y no se puede ir a todas las ediciones: habrá algún año al que faltes. Tal vez por eso silencio mis triunfos, porque el que está allí sin saber que puedes llevarlo a Miami en cualquier momento es al que vale la pena hacerle la sorpresa de su vida. Irónicamente esto no es silencio, pero mi última entrada apenas tuvo dos visitas y ya este recinto de letras no es lo que solía ser otrora. Me siento tranquilo al conocer lo poco que conocen de mí. He tenido por bandera insondable valorar a los que saben asimilar sin ningún tipo de ayuda parcializada lo que considero mi esencia y, por consiguiente, ya no me esfuerzo en convencer a aquellas y aquellos a los que me tenía que esforzar un mundo por intentar siquiera explicarle más o menos quién soy. Era agotador luchar contra esa corriente. Es inevitable causa de sonrisa esa apreciación sincera que sale desde el fondo de un ávido ojo que es capaz de transparentar tu piel y tus capas: ese juicio arriesgado sobre la bondad que hoy escasea. Hace años me preguntaba mi Maga (que hoy son dos en uno): y en todo esto de los malalmados y los desalmados, ¿dónde entras tú? Iba a responder ahora, pero olvidé mi respuesta. Tan difícil es responder. Supongo que después de todo ya no vivo quejándome de nada y vivo casi sin odio expreso. Enseñar no es lo mismo que dar clases, y dar clases me enseñó a ser tolerante en niveles increíbles. Entendí que la crítica es una decisión que depende del contexto, terminé de comprender que el hombre es él y sus circunstancias. Las cosas siempre podrían ser mejores, pero aprendí a disfrutar todas las cosas que siempre he disfrutado, pero que al final de la madrugada nunca quedaban. Ahora un paseo mental sobre mi día suele terminar en una buena ronda de agradecimientos que me permiten sentirme un poquito bien antes de dormir. Pocas personas comprenden que no es que quiera expresamente suicidarme lentamente con cada uno de esos cigarrillos: más bien tiene que ver con una asociación natural de eventos y pensamientos que derivan en el absurdo de la vida, en el sinsentido de la misma. ¿Quién en su sano juicio querría vivir una vida que no tiene sentido? El loco no soy yo, los ciegos son ustedes. No hay filósofo feliz; yo estoy condenado.

Schopenhauer planteó dos soluciones: ascetismo o arte. Por eso creo que tal vez la música logre salvarme de este abismo vacío de unas ridículas ganas de alcanzar el ideal todo, como si fuera algo más el hoy cuasi insólito hecho del bienvivir. ¿Qué tan más es algo? ¿Qué tan menos es nada? Como entra el bajo en Tú sí sabes quererme, como raspa el riff en Jungle, cómo golpea la vocalización del ateo, y la querella del creyente; ¿cómo escapar de tanto arte? Imagino el fusil con ella, como si nunca habría dejado de haber sido lo que hubiese habido de ser si fuere lo que no hubiese sido. Soy un adelantado porque tuve el éxito desde los cinco y lo he tenido siempre: no he tenido que esforzarme para lograr lo que todos quieren. Mientras tanto, he tenido que esforzarme terriblemente para obtener todo lo que yo he querido; igualmente, lo he obtenido. Estoy en otra liga, pero allí también tengo un OPS de 1.129. ¿Quién me va a detener si no soy yo mismo? Y eso vivo haciendo. Ella me desea la felicidad como si no es una decisión que pudiera tomar en cualquier momento: solo debería conformarme, bajar mis expectativas a lo slightly above average. Eso requeriría olvidarme de ti, tal vez. No sé si también solo seas un capricho, pero en todo caso, serías mi único. No vivo vociferando lo que hago, lo que compro, lo que vendo; de vez en cuando se colea la suposición en los momentos de felicidad que tengo con mis hermanos de la vida (debería existir una palabra corta para ellos que no sea "amigos", pues esta última palabra la considero manchada y, para mí, a pesar de todo, el hermano aún es irrenunciable y sigo queriendo a los míos a pesar de que son menos hermanos que mis amigos). Nada muy a drede: tan inevitable como inocuo. Recuerdo, el año pasado, en plena pandemia, cuando no ganaba ni el diez por ciento de lo que hago hoy, sentir la envidia de uno de los que consideraba mis hermanos en mi propio cuarto, en mi propia morada, tras mi propia puerta; este año me parece sentir lo mismo desde otros ángulos y a veces es triste sentirse rodeado de la avaricia del mundo capitalista que nos configura desde siempre. Tal vez por eso silencio mis triunfos, aunque sean los más grandes de mi vida, porque prefiero que nadie me felicite por hipocresía como cuando Facebook te lo implora. Hace casi un mes más de cuarenta personas se acordaron de mí sin necesidad de un calendario inteligente: su corazón les recordó mi existencia, o su memoria, lo que sea que venga primero, y eso me llena de dicha y gracia. Duele cuando un par de pares no lo recuerdan: Emily, Emilia, Óscar, Verónica; pero ese dolor es real, y es el dolor que necesito antes que la mentira complaciente. Sé, indudablemente, que esas cuatro personas me aman inmensamente; tal vez Verónica no tanto, pero entiendo que un cumpleaños es un Festival de la Memoria y no se puede ir a todas las ediciones: habrá algún año al que faltes. Tal vez por eso silencio mis triunfos, porque el que está allí sin saber que puedes llevarlo a Miami en cualquier momento es al que vale la pena hacerle la sorpresa de su vida. Irónicamente esto no es silencio, pero mi última entrada apenas tuvo dos visitas y ya este recinto de letras no es lo que solía ser otrora. Me siento tranquilo al conocer lo poco que conocen de mí. He tenido por bandera insondable valorar a los que saben asimilar sin ningún tipo de ayuda parcializada lo que considero mi esencia y, por consiguiente, ya no me esfuerzo en convencer a aquellas y aquellos a los que me tenía que esforzar un mundo por intentar siquiera explicarle más o menos quién soy. Era agotador luchar contra esa corriente. Es inevitable causa de sonrisa esa apreciación sincera que sale desde el fondo de un ávido ojo que es capaz de transparentar tu piel y tus capas: ese juicio arriesgado sobre la bondad que hoy escasea. Hace años me preguntaba mi Maga (que hoy son dos en uno): y en todo esto de los malalmados y los desalmados, ¿dónde entras tú? Creo que cada día trato de mejorar y corregir todos los errores que he venido recolectando en mi persona desde hace años. Aún me cuesta demasiado pero no dejo de invertir energía en ello. Si fuera tan malo, poca gente me quisiera. Supongo que después de todo ya no vivo quejándome de nada y vivo casi sin odio expreso. Enseñar no es lo mismo que dar clases, y dar clases me enseñó a ser tolerante en niveles increíbles. Entendí que la crítica es una decisión que depende del contexto, terminé de comprender que el hombre es él y sus circunstancias. Las cosas siempre podrían ser mejores, pero aprendí a disfrutar todas las cosas que siempre he disfrutado, pero que al final de la madrugada nunca quedaban. Ahora un paseo mental sobre mi día suele terminar en una buena ronda de agradecimientos que me permiten sentirme un poquito bien antes de dormir. Pocas personas comprenden que no es que quiera expresamente suicidarme lentamente con cada uno de esos cigarrillos: más bien tiene que ver con una asociación natural de eventos y pensamientos que derivan en el absurdo de la vida, en el sinsentido de la misma. ¿Quién en su sano juicio querría vivir una vida que no tiene sentido? El loco no soy yo, los ciegos son ustedes. 

El ascetismo nunca es una opción.

El arte para mí es la música, desde que estaba en la placenta, según reportan mis progenitores. No me ha faltado nunca, espero nunca quedar sordo ni lo suficientemente pobre. Los demás artes van y vienen. La literatura, la escritura (que no es lo mismo ni es igual, como diría Derridá), el cine, el baile. De vez en cuando se complementan, o se suplementan mientras se implementan. El sexo siempre me ha parecido un arte, pero bien que mal sin amor no termina de ser arte. El amor, al fin y al cabo, es el motor que modula todas las artes. Mi amor por la música de Jackson, Williams, Winehouse, Gibb, Gilmour; por la lectura de Borges, Bukowski, Saramago, Hemingway, Pessoa, el conocimiento de Nietzsche, Marx, Freud, Schopenhauer, Foucault; la escritura de Camus, Sartre, Barthes, Derridá, Lacan, las películas de Kurosawa, Lynch, Fincher, Anderson, Coen; el baile de la bachata, el merengue, la salsa, el reggaeton, el rock. El amor, al fin y al cabo, es el motor que modula todas las artes. Le pregunté a las Meninas y ninguna respondió: probablemente fue La persistencia de la memoria en caso de que no haya sido por El beso de Klimt, Monet o Hopper. Después de todo hasta los perros juegan póker. El sexo es solo accidente, decía Fernando, pero mucho ignoraba él que todo es accidente. Freud diría entonces: todo es sexo. Y pobre de aquel que lo ignore, estaría evitando la fase de aceptación que le daría control total de su vida. Controlo mi vida tanto como controlé tu culo hace dos días, y vaya qué agonía, madre mía. Tengo la esperanza de poderlo controlar mejor en un futuro, cuando el amor sea un motor estable que module todas mis artes.

Por eso mi felicidad está incompleta sin ti.

Lo peor es que ese pronombre personal tónico no refiere a nadie.

Se lo vivo poniendo a las gentes, cual zapatilla de Cenicienta, a ver si les queda.

En el proceso bebo, fumo, fornico, consumo.

Como Incertidumbre, de Asier, al final de la madrugada nunca queda nada.

No creo que haya nada más triste que amar a alguien que no existe.











Kérouac



 

Never ever wonder about the power of a man who fends for himself completely unaided by this classic some sort of bubble made up of falsehoods, and the very one who is nonetheless still capable enough to bestow love freely while receiving a vacuous nothingness in return, and the very same man who somehow never fusses on the road.


Say you, say me.





Tope

 





A ti no te nace nada,

te carcome la consciencia, te da pena;

es distinto compartirme de tu plato

si solo quieres quedar bien.


Pueblas las memorias con los favores

las sillas y esas colas:

como si no tuviera que llover

para que el cielo sienta llorar.


El indistinto sudor que no se nota

y la distinta respiración de otro que enseguida notas.

La puerta abierta

la puerta cerrada.


El sufrir es karmático

siempre te lo dije, intentando protegerte.

Lo que no te das, te lo quitas.

Lo que me das, siempre lo has tenido.


Sin cauchos, esas cuatro paredes solitarias,

algunos desayunos y préstamos,

no habría nada.


Se notaría más fuerte la ausencia de tu amistad,

pero, probablemente aún así, me conformaría.


Como siempre lo he hecho.









Naguará, ojalá

 





Siento la grasa, mugrienta y alejada desde el desdén desdeñable que despierta la aridez de su piel. Hay un sucio en los lentes, dolor en la espalda y parrilla en la pantalla. ¿No hay acaso una pregunta que lo haga todo más confuso? Parece un chiste, y todos rien, porque importan las apariencias. Me escribe mal, como a drede, para ver si le corrijo. ¿El reflejo arcoírico de la grasa, mugrienta y alejada desde el desdén desdeñable que despierta la aridez de su piel es normal? No lo pregunté. La sujeción y sumisión evita, obviamente, el emergimiento. No hay nada de malo en bostezar, mientras el sueño siga con los dos brazos. Le picaban los ojos tras hacer los estiramientos y le rasqué con un beso. Con el slow play y el check-raising parecía haber encontrado una ruta, pero terminé cogiéndomela dormida tras haber perdido el control de mi vida. Me dijo casi jadeando que le gusta dormir pero también tirar justo antes de ceder a la concupiscencia. Las gracias son bonitas incluso cuando hay merecimiento, me dije. El suero y el jamón parecían ser una mala idea, pero el resto me atacaba por las mañanas. Su recuerdo fue un rayo, incluso partió mi lápiz y me olvidó los versos. El cigarro, ¿dónde está? No tengo yesquero. Tú siempre traías uno bajo los panties. ¿Acaso es pecado recordar tu lengüita afuera y los ojos metidos? Pensaba que era a drede, pero estabas en éxtasis. Fuimos felices. La cocina me puede quemar un cabello y la ventana apagar el incendio. Si abro el viento se me cierran los sueños: de esos que volvieron, como cosa extraña. Y es esa extrañeza la que radica en mis tardes cuando la mañana ya no es mañana. Me dijo orgullosa que notaba que había aprendido a celebrar mis triunfos en silencio, y en silencio me pregunté cuáles triunfos. Mi cara le delató mi autosaboteo y casi que me restriega las tetas para mostrarme las mil y un noches. "Has vivido como muchos desean" me dijo mientras meneaba la azúcar hotelera del café. Pero no he vivido como quiero, pensé a mitad del mañanero. Ese amanecer fue terso, me recordaba lo rimbombante de la poesía, tratando siempre de desbocar al mudo, como si el ciego viera. Qué sentido tenían los viajes, los tríos, las curdas, los billetes; le pregunté a la señora, y sobriamente me dijo que si no quería lo que tenía que lo regalara. Tras cruzar esa calle, esa maldita calle, me di cuenta de cuán poética vivía yo mismo haciendo mi vida. Tengo mil cuentos que contar, todos ellos unos más increíbles que los otros, y pareciera, en retrospectiva, que vivo buscando mi propia épica. Jamás te has aburrido, me dijo, y jamás has aburrido a quien te tiene cerca, completó. Irónicamente muchas gentes quieren en ocasiones vidas aburridas. ¿Qué no es la estabilidad sino esa sórdida modorra que conlleva la monotonía? Le pregunté: ¿coger conmigo todos los fines no es monotonía? Creo que por esa pregunta pagué las empanadas yo. Vivir de caprichos que solo consiguen la epicidad tal vez ha sido craso, y eso me ha costado algunas ventajas. Que por qué escoger una si se pueden tener las dos opciones, grita mi pecho, y la vida ha tenido como misión continua restregarme, como si fueran sus tetas, que no se puede tener todo en esta vida. Aún así, heme aquí, intentándolo cada vez más intensamente. Hay una fórmula, hay un punto en el que el set-up genera la vuelta perfecta. ¿Tú acaso sabes más que yo para intentar demostrarme lo contrario? Terrible, pero la respuesta me genera una validez inductiva plenamente lógica. No me he matado estudiando toda mi maldita vida por nada. Y no tiene nada que ver con una "universidad", para mí no hay mayor complejo del absurdo. Me da un beso, toma mi mano. Salgo del estado. ¿Miranda? Qué bonito nombre. Tal vez si de verdad fuera tan prepotente, pretencioso, arrogante, creído, echón y sobrado, te la pasarías con el güevo mío todo el tiempo en la boca. 







Pessoa



«Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?»



Desde hace tiempo ya solo escribo por escribir, y se me olvida inclusive donde van los adverbios de tiempo, tal vez precisamente por ya eso. No encuentro realmente un alma en ninguno de mis textos: no es como si me haya muerto, es como si no hubiese flores en mi entierro. He vivido la vida sin flores por meses ya, y parece que las luciérnagas solo danzan sobre el cementerio para alumbrar la ausencia de un señor. En ocasiones mi narrativa surge e intento contar cosas que no suceden, solo para evitar ser partícipe de las cosas que sí me suceden. ¿Y qué tienen? Parece que nada: todo templario y su laurel se regodea con el honor y la gloria, pero de poco y nada sirve cuando el laurel se marchita y la gente se muere. ¿Dónde está la memoria si no es al lado del amor? Amor cabe en memoria.


No me duele no encontrarle sentido a mis letras: nunca ellas lo han tenido; el punto es que era por mi propia decisión y no por inercia. Me temo que ocultar mis sentidos ya no tiene sentido, y escribir sin otro sentido pero sin, de hecho, tener el uno, es realmente sinsentido. Y no ni nunca es lo mismo. Por supuesto que quisiera explicar eso con filosofía, pero ya a nadie le interesa, así que poco puede mi niño interno sonreír ante tal extrañeza. No me duele entonces la ausencia, pues aunque por siempre malas compañías he tenido las mejores aventuras de mi vida, aún en solitario sigo teniendo los mejores tríos y orgías de ella. Simplemente me aburrí de que ya no suceda nada nuevo en las aguas que siempre han sido turbulentas. Esta paz sin guerras no se siente como paz, porque si todo es paz entonces nada es paz. 


Me aburre, entonces, inventar la ausencia de otros sentidos que no son realmente otros, porque no son nada más que cascarones vacíos pretendiendo iluminar iris acostumbradas a lo clásico. Y, de nuevo, no es como si no hubiese nada de lo que hacer un huevo, es que a veces se siente como si cada cosita mínima que antes generaba un espectáculo de dimensiones inauditas, ahora solo genera un cosquilleo en el costillar que rápidamente con una mano puedo acabar. ¿Se pierden tan fácilmente las capacidades de sorpresa? ¿O es que siempre fingí sorpresa para no aburrirme tan rápido de lo predecible que se me hace todo si no me hago el tonto? Solo mi diario sabe y tiene pruebas: es terrible el mundo cuando lo miras. 



No se me olvidó cómo hacer poesía, es solo que la poesía es mentira.


Pocos poetas deciden saberlo.









En abril y mayo






Te perdí en abril
y no me diste cuenta;
te di las mías y ¿
qué
?

Esto es un adiós sin dolor,
porque apenas después de dos años
es que se acaba;
mala idea acortar los adioses:
los dioses merecen el tiempo
pues de ellos es y siempre fue.

Me perdiste en abril
y solo te darás cuenta
cuando mueras:
no hay manera
de q sea en vida.

Capaz te mueres un mayo
porque así es la vida
de poética
e hija de la re mil puta.

Te perdí en abril
y no me diste cuenta;
te di las mías,
y adiós.






Limón





Te leo y me pregunto, ¿será que yo también recurro y recurro? Si así fuere, ¿hasta que punto lo reiterativo con lo iterativo interfiere? Y me sonrío porque le doy cuerda, y me sonríes porque te quiero. Me provocó entonces aquella técnica y me descubrí pecando de respuesta ante las tontas preguntas que me causa leerte. Y no es tonto el texto como los ojos, más bien el contraste pare a la síntesis. Creo que todos somos parte de un barro que no podemos cambiar; las manos nos soban, nos acarician, nos masturban; nada para el basurero. Es entonces cuando relaciono las cosas. Surge lo anticardoniano: la esencia. Y tu voz es mi hogar, ¿lo recuerdas? La voz es el barro: no cambia ni porque cambie. Sigue siendo tu misma voz.

Grítame, gímeme, susúrrame.

Eres, sin duda, tú.

Otra cosa:

terrible, ¿no?, como nos estamos

poniendo viejos.

Mnemosine nos deja a la deriva

con esos semáforos.





Supérame

 


Como el café amargo, amar amargo es amar a Margo.

Como lo que temí, lías lo inliable en lianas del liásico.

Como tú, a posteriori, analizaba todo anafórico análisis.

Como yo, esmoñas el moñón moñudo y queda desrizado.



El penal






Quince minutos en el penal; pareciesen horas frente a sorbos de café, me dijo; de alguna u otra manera encontré mi propia quimera. La luz de los siete de Djawadi fue ejecutada a la perfección en mi cabeza y los brazos, porque se me calentaron al dirigir. Tú eras una viola. Expulsabas tu odio tratando de llamar mi atención de alguna u otra manera, querías romper una cuerda, causar un desastre, espantar al público. Era tu metrónomo y por más que te (les) pedí más, nunca estallaste. En el más sencillo fondo solo buscas sorprenderme, agradarme, y en el proceso te quiero porque te esfuerzas. Es terrible y me río para mis adentros, porque solo es egoísmo, y es bien sabido que el egoísmo va para adentro. ¡Imagínate si no! Obviamente me controlo porque entiendo el juego, y cuando es juego yo juego como si de la vida lo fuera. Gano o empato, y si pierdo te hago creer que gané algo. ¿Qué maravilla, no? Pensaba en que todo en la vida es manipulación: las mamás manipulan a sus hijos para que coman. Que si un avioncito una cucharilla. Que si una cigüeña el sexo, para que entiendan. El clásico "todo lo hago por tu bien" que se asemeja tanto al "te pego porque te quiero". La manipulación pasa por todos lados. Incluso la matemática: hago un cambio de variable para tratar de resolver esta ecuación que me tiene la vida triste. Derivo para disminuirlas, integro para calcular áreas. Manipulo con sumas de Riemann. Y así un largo etcétera de metáforas que me abarcarían la madrugada entera. El punto es que el fin justifica los medios. Si es para que el niño coma, manipular está bien. Si es para lograr un sesgo emocional que derive en una relación interpersonal enfermiza que genera traumas y daños sicológicos en otra persona obviamente la manipulación es terriblemente negativa. Así muchos ejemplos más que no van más allá del bien y el mal en sentido extramoral. Tu versión de los hechos está manipulada, y supongo que la mía también. Cada quién juega a su favor, y hay que tener valor para jugarte en contra, autosabotearte y herirte a drede solo para que la cicatriz sane y la infección no se acrecente. Ese es tu problema: eres cobarde. Eres antiantiséptica. Pero basta de ti, no mereces la pena. En algún momento creí que sí, pero me has demostrado una y otra vez que sigues siendo una niña inmadura. En otras noticias, fueron quince minutos en el penal que parecían horas comparados con los sorbos de café que me dijo de alguna u otra manera esa quimera. El aterrizaje de Hurwitz fue el sol que alumbró tu mentira. Y esa mentira no me duele hoy, me dolió entonces porque significó el fin de esa química tan terrible que sentí en catorce días contigo. Te amé en falso, como quien no conoce la palabra, porque nada era referente a lo que aparecía en los diarios. Hoy conozco el motivo de tus miedos y obviamente que te entiendo, mi amor, ojalá hubieses tenido el valor, pero entiendo la lealtad que suprime la cobardía. Es más valiente el leal cobarde que el valiente infiel. Hacer lo correcto (en sentido intramoral) nunca estará mal, porque precisamente está dentro de ese concepto socioconstruído que degenera cualquier deconstrucción que sea exigua frente a los imperativos categóricos y sus máximas universales. Es decir, te sigo queriendo como entonces, aunque con un sentido de realidad y cuidado que no tenía entonces. Lo anoté en mi diario: era un hombre roto que había desechado la dicotomía entre la realidad y la falsedad. El primer suplantador era yo, tratando de fingir que no moría por fuera y por dentro. Tardé poco en estallar después de que te fuiste. Todo fue en conjunto... Y me detengo. No quiero hablar de huecos en una noche de estas, en el penal. Al final son horas, nada de minutos. Tres jarras de café y una quimera que no habla, que me encierra y me golpea. 

Estoy esperando a que me vengan a pagar la fianza.









Nada personal





Antes de que te mueras, decido buscarte, como un pez que patalea para no quedarse sin aire. Pruebas bocado de mi divinidad y entonces entiendes tu humanidad. Te regodeas y deferentemente tensas el ambiente. Yo inherentemente sólido, me liquido, y gasifico tu ternura. Ves a Betelgeuse creyendo que es Marte con soltura, confundes Starlink con las Pléyades, y te da tortícolis apenas confundes el cénit con tu estertor. Entonces las estrellas ya no son. Los amigos poco valoran cuando les muestras Venus al lado de la Luna. Hay partes de esta vida que nunca valen la pena, pero, tal Churchill siempre mostró: las causas perdidas son las únicas por las que vale la pena luchar. Id est, las cosas que no valen son perdidas, e irónicamente la pena es la causa para vivir y morir. Por eso, antes de que te mueras, decido buscarte, como un pez que patalea para no quedarse sin aire. 




Y


yo soy el malo.