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Rosa más blanco, el mañana




Parece que suenan los hielos en los vasos,
como si mucha gente caminara sobre nuestros pasos,
y somos cuando éramos. Y éramos cuando somos.
¿Hay concordancia?

El sol rueda bajo la alfombra, y debería estar marcándote;
la silueta.
Acaricio y tactúo lo intactuable. ¿Qué me impide nada?
La muerte.

Cada tecla del piano me destroza, cada escena me llora
cada verbo me incomoda, cada sintaxis me refleja.
Glorifica mi gracia, florifica mis rosas. ¿Y?
Las letras ya no son bonitas, una tecla me llora.

Mi pecho mira ese atardecer, esa luz, esa puerta,
mi pecho te busca en cada pequeño parpadeo,
mi pecho te olfatea tras la corbata, tras el saco,
mi pecho toca cada pared, cada gota, cada toalla,
mi pecho prueba cada polvo, cada plato y olla.
Mi pecho no rima, mi pecho aperpleja, dibuja, acompleja, libera lo útil y apresa lo equívoco.

Mi pecho susurra.

Hay una puerta que se acomoda entre las paredes como si la luz no le tecleara,
y una luz se apareda entre las cómodas teclas que se apuertan por 'ai.
¿Y la tecla que se alumbra por las puertas que se teclean en los paredones?

Fusílame, maldita sea. Fusílame la mente y hazme recobrar el sentido.

Quizá con el tiempo...