Como un acto extraño
todas las Euménides callaron
cuando una intempestiva ola aplayó.
Una ola de ojos alegres pero triste en su andar
un buen observador notaría sus pliegues pluriformes
y los compases desfasados que desviaban su transitar.
Parecía una reina triste, con un trono desvalido,
la mirada caliente por la ira eufemizada y las manos frías
con una inaudita sed de venganza pintada de reivindicación.
Erinias cómplices y aplacadas porque la astucia y la paciencia
ante la caída, es más importante que el golpe final.
Lo que es del Hades con Cerbero se encuentra.
Cuestión de Cronos.