Saca el pecho
Ayer me dijo "no olvides que forzar está bien"
ese dueño beligerante de un curul depuesto.
Irónico pues que aquella atenéica dueña de la verdad –
asesorada y feculada por aquella crónica con voz chillona–,
pretenda que el forzamiento pragmático de aquel poder
no sea muestra suficiente de su falso señorío.
O señoriteo.
La paz de tu paloma nívea no contraría a mi fuerza.
La fe que acompaña a esa fuerza, en tanto fieles, ¿no vale tampoco?
Y en tanto darvinianos, ¿no sobrevive acaso el más hercúleo y forzudo?
No justifiques tu quebradiza y endeble verdad
con los ataques sesgados a una diferencia opulente.
Ni camines llorando luego ante cualquier mirada displicente.
Saca el pecho.
Cuestión de Cronos
Como un acto extraño
todas las Euménides callaron
cuando una intempestiva ola aplayó.
Una ola de ojos alegres pero triste en su andar
un buen observador notaría sus pliegues pluriformes
y los compases desfasados que desviaban su transitar.
Parecía una reina triste, con un trono desvalido,
la mirada caliente por la ira eufemizada y las manos frías
con una inaudita sed de venganza pintada de reivindicación.
Erinias cómplices y aplacadas porque la astucia y la paciencia
ante la caída, es más importante que el golpe final.
Lo que es del Hades con Cerbero se encuentra.
Cuestión de Cronos.
Que te extraño
Entre las olas, entre la espuma.
Entre almas azules, lluviosas,
llenas de ámbares de mariposas.
Rayitos pequeños entre grandes oleajes,
que restan, que suman,
senos (cosenos) mezclan tristes brebajes.
¿Me vas a venir a contar a mí, tú, los presagios de esas calaveras que yo mismo sembré?
¿Vas a decirme cosas que no quieres decir que yo una vez dije sin quererlas decir también?
Te pareces tanto a mí
que no puedes engañarme.
De tanta saliva, lengua y semen,
los carácteres se copian.
Peléame con los puños de los cuales en mis pechos tengo los moldes
muérdeme con las muelas que yo diseñé con mis pinceles dobles.
Rasgúñame con las uñas que mis piedras amolaron,
ámame con los labios que un día los míos amaron.
Ódiame con los ojos que un día en mi pecho lloraron.
Y abrázame si me encuentras por ahí en tu mente,
como decía Cortázar,
que te extraño.
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