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Triste sin ti otra vez







Si me preguntan,

prefiero estar

molesto contigo,

que molesto sin ti.


Por eso si me ves

alegre,

es porque no estoy

sin ti.


Y si, no me ves

alegre,

es porque, obviamente,

no me ves.


Así que veme,

para que yo te vea;

así estaré molesto contigo

en vez de molesto sin ti.





Porque una vez

te pregunté

si molesta conmigo

o molesta sin mí



Y seguías allí.







Pelvética








Singular y plural,
plural singularidad;
términos para terminar
de desestimar la estima
que me hace admirarte, divinidad.

Déjame dejarte algo claro:
                                           el vestíbulo vulvar.

Decúbito supino, por favor,
para amar y ligar este clamor:

la mucina de tu cérvix
y la viscoelástica
de mis corpúsculos
gustativos
en la explanada de tu pelvis
yo encuentro tus dos caminos.

Pero yo he de simular:

"Fue una caída, mister señor oficial".

Patrulla.

Me salté lo visual.

Fenomenal tus tripas, dice la ciencia
ma' mons veneris, los marginales.

Yo te descubro con el truco de mi mirada
porque ese velo vale unos reales,
y viene verbo y viene estelada
el grito púnico de tus manes.

Y gritó Cartago que se fue Eneas:
y la puta de Dido quema hasta lo inquemable.

Entonces caigo en tus insaciables
ángulos llanos del subpubiano.




Simular entonces ante las cámaras
de estos trenes que van tan rápido,
la nutación de mis embates
entre
la traslación de sus vagones
y la contranutación de mis asedios
en la paralización de sus movimientos.

"Puro arte",
solo miento.

Porque carece de verbo manso
que describa su plexo sacro;
que no irriga mi vena dorsal
pero que sí inerva su manantial;
y se desviste y luego se viste
y se marea y se codea
y me golpea y me agarra
y luego el nervio me desgarra.
Ay mi pudendo que vas bajando
que sube y sube como polea
puro torque, pura jalea;
velocidad entre ganas largas.

Sigue bajando.

Quise ennotar la etiología de mi adicción
para entender por qué te admiro
pero la vida de lo invisible es tan muda como su acción.

Que te espero sin complexión.

Decúbito pronal pa' vel' perineum
y analizar con gusto la enfermedad
que "patofobia te vuelve pato"
tú me decías en el penal.

Ahora tu cuello cae tal víctima entre mis manos
y la paciencia se te marea
y te codeas con mis mucinas
y aquel recto te pide enzimas.

Es que no basta con lo que basta
por lo insaciable de tus nereas,
que piden a Bartolini lo que falta
pa' revolcar al que carnea,

y mi sinbáculo pide tu asentadera
para asentar la nueva tierra.

La nueva sangre la nueva escuela,
la nueva buena la buena nueva.

Me salté lo esencial.

Porque no recuerdo, puta,
(Te quiero puta porque
es tu naturaleza)
de qué iba la pelvética:
la imaginación me abofeteó
al darme cuenta de que nunca ha habido constricción pubococcígea.

No era sobre ti
era sobre ella.

Ella... (necesitamos más pronombres)
Y tú lo necesitas a él.
Y él no soy yo.
Pero él no es un él común.
(Necesitamos más pronombres).

El lenguaje al final
y distinto a tu lengua
no sirve de nada.



Volverás por ella.
Ora vendrás.
Ora vendré.

Quizá iré, quizá irás,
(pero avisarás).







(N o)  s é  l o  q u e  m e  e s p e r a.












Rendición








Un pájaro libre
a lo Lynyrd Skynyrd
ha volado hasta mis pies
y picoteó
con sus agresivos ojos
la mirada de mis dedos
y la sonata de mis sesos.

Cesé de ver,
y sentí.

La brisa estaba menos que ausente,
pero era muy ligera y leve.

Las guitarras eran lejanas
pero no por ello menos potentes.

Rapidez, soltura, devoción.

Era venida,
era acabóse.

Defunción.
Vida.

Moción.






Desgarré mis prendas.






Dialéctica







Te supe la cura,
de estas depresivas situaciones,
sutiles depresiones;

no exactamente tú
sino algo de ti, quizá una de tus
cinco extremidades.

Trece veces volviste
(no las conté
pero me gusta
ese número;
tampoco volviste,
siempre fui yo),
y trece veces
me viste,
en esa puerta,
semi desnuda,
desértica a priori,
anegada a posteriori.

Viví en la puerta por meses, mi amor,
no comía más que entremeses,
y no me dormía
por más que quisiese.

La gente decía que se me iba a ir la vida ahí,
pero ellos no sabían que tú ya te habías ido.

Hasta que me di cuenta
de que yo era Mahoma,
y tú la montaña,
no me moví.

Por eso volví.

Pero volví hasta que me fui;
y más bien yéndome
volví a lo mismo.


¿No te das cuenta?
Vivimos de vueltas,
no solo es la tierra,
ni el sol, ni la luna.

Vuelvo a necesitar de ti,
y estoy pensando en sacrificar
lo más importante
por un pedazo de carne.


¿Y qué es lo más importante?





–Riley
(heterónimo)