Si hablamos de brujos y visionarios, expliquémonos entonces qué cuentan nuestros diarios, porque de pasados construyes futuros y de alguno que otra sanción excluyes los cambios seguros. ¿De qué vale entonces seguirte hacia el penthouse si la vida se acaba en el tercer piso?
Vale de mucho sentirse caído cuando se está volando pues aligera los no sé dónde y los hasta cuándo; vigilando siempre sus huellas encontramos al gato sucio, arraigando plantas ilegales en los lugares en los que la gallina puso. ¿De qué vale entonces arraigarse entre nuestros brazos si la destrucción nunca es posible? ¿No parece acaso una teoría falsa y poco plausible? Increíble.
Esa fama mía te persigue a ti también, y me entristece que la vida se encargue de negarme el Edén. Tanta cobardía entonces cabe en mi sien, pues la señora que nunca limpia siempre pierde el trén. ¿De qué vale entonces ensuciarnos si la vida es limpia? ¿No sería mejor que nos gastáramos toda la tinta?
¿Cómo te explico que quiero ser distinto, que mi vida ya tiene un tono tinto?
¿Cómo te hago saber que eres mi sommelier?
Decidí no borrarla
y publicarla tachada,
¿entiendes la analogía?
El texto soy yo,
y tuya es mi vida.