Miradle, allí
está la vida en sinfonías, he allí tu mirada perdida, incognoscible de hechos,
significante de significados, preparaos para cometer los peores pecados. Buscad
la linterna y observad, la continuación de lo improbable es la probabilidad de
lo imposible; la vida pintada en miles de colores universales, unidos y
fermentados con galaxias abismales, pulsares diminutos y agujeros de gusano
indivisibles que desvían a las deidades, ¿y dónde se nos ha escondido la biblia
a la hora de relatarnos tales fantasías?
Es probable que Al-Juarismi se sienta ofendido e irritado con los relatos paradigmicos, pero es que las
creencias y dogmas son distintos, por ejemplo: yo creo en ti, tú crees en mí,
henos allí, henos allí.
Es asequible que la vía predicha no se cumpla al pie de la caligrafía, sino en el encabezado de esta agridulce ironía, siempre desviado está el miembro más importante de la humanidad, el que provee y proveerá, ¿qué proveerá? Nos dará la vida, y nos la dará originalmente multiplicada por millones, solo que depende de otro equipo sofisticado y quisquilloso, que solo acepta de a un capital infinitesimal, excepciones hay, pero no es mucho el diferencial.
No es quien tú
crees que es, no es quien casi el sesenta por ciento –cincuenta y nueve por
cada cien– de la población mundial cree que es, en tal caso el no-susodicho no
depende de nadie, mucho menos proveerá.
Pero si, él proveyó, dio y edificó: en un mundo ficticio e inexistente, mentes
perdidas de ignorantes irreverentes, burbujas gigantes dentro de juicios
imponentes; en Minecraft, fue lo que
quise decirte, mi fiel leyente.
Tomémonos un
café y aclaremos –oscurezcamos–: hay seres perfectos, desde un punto de vista
específico y juzgado en base a características específicas, pero igual de
perfectos porque el significado no cambia según las subjetividades del significante,
es un concepto nominal que no varía durante largos y clásicos lapsos de tiempo,
y es bastante seguro que casi siempre mantiene su esencia, y en su defecto
simplemente la modificación es una agregación a lo antes referenciado y dicho,
no más que nada importante, no más que un capricho.
Percibir es de
humanos, entender es de magos. Añade y lo sabrás hacer todo: sustraer, reproducir,
fragmentar; y también comprender que esas son las cuatro operaciones
fundamentales de la vida, al contrario de lo que se cree comúnmente, cerebro,
corazón, médula, pulmón. ¿Aún no sabes hacer un poco de magia? No mides lo que
mides desde arriba hasta abajo, mides lo que aquí deduzcas, relaciones y
comprendas. La vida es un paradigma relacionado a las palabras, es el clásico y
famoso problema de los universales –que no es tan famoso porque en realidad
nadie lo sabe, nadie lo discute, nadie lo desahoga en sus conversaciones–.
Triviales, esa es la conclusión. Haz malabares, toma tres mandarinas y ponlas
en el aire, no las dejes caer, irresponsable, ¿qué tal si fueran bebés
inquebrantables? Te dolería en los testículos o en los ovarios de ser un
humano, de ser inhumano en realidad tratarías de arreglarlo: clásico.
Entonces,
¿nominales, ideales o reales? Decide luego, volvamos al juego.
Antes del
desvío había un cartel que rezaba:
I miss you.
Entonces tuve
que comprender lo que quería decirme la vida expuesta en aquel anuncio, y mil
novecientas once millas recorrí en el auto hasta darme cuenta: te extrañaba.
Y tal como en
el cálculo, mientras más alto sea el valor de la variable, más tendencia al
cero tendrá ye en función de la equis, es decir: aquel límite cuando la
variable horizontal tiende a infinito, será cero. ¿Más claro puede cantar un
gallo? Sí, pero más claridad es más insignificancia, insuficiencia e
imperfección; en lo oscuro sucede lo mejor, la perfección; analízalo. Pero
existen contradicciones, existen dos mentiras que juntas crean una verdad,
entonces es complicado entender que la cagué, que he de retroceder sin borrar,
porque lo he dicho siempre: es de cobardes escribir con lápiz y comprar
borradores, mientras que es de valientes llamar a los orientales y su hermosa
tinta negra sin igual.
No me conviene
que aquella variable tienda a cero, ese fue mi error, desplegar el valor hacia
el infinito. Entonces dejemos de lado las dicotomías y enfoquémonos en lo
propiamente importante, en la vida que nos queda por delante, en el cielo que
noté ayer, donde divisé un sublime planeta y no me conformé, de inmediato
pensé: si ese es el planeta de la luna –según yo–más hermosa del sistema donde
habito, entonces ¿no estará en su cercanía dicho satélite? Busqué mis binóculos
y agucé los sentidos para hacer magia detalladamente, precisé un par de puntos
esplendentes que decían mis nombres sin cesar, al tiempo que yo simplemente
imaginé que decía correctamente los de ellos: Miranda y Europa.
Y se me ocurrió
al ultimar el preliminar parágrafo nominar este escrito como esos dos susodichos
satélites (el último el más hermoso del sistema solar, según este escritor, de
nuevo) hasta que recordé que no son letras comerciales las que escribí aquí, resoné
en mi mente que había que tener un currículo lleno de encantamientos,
sortilegios, hechizos y brujerías: magia al fin, al cabo, al derecho y al revés;
para entender. Acaeció también que se me ocurrió un último símil matemático
–porque a la media luna de hoy no he reparado mi error– ante la pregunta de la
niña del fondo: “¿cómo hacerlo sin borrar?” Simple: la manera de convertir esta fatídica, nefasta y adversa función
logarítmica en una exponencial ya he de encontrar.
P.S.: Base menor que uno y mayor que cero, para los literales.
P.S.: Base menor que uno y mayor que cero, para los literales.