Y vuelvo a ti, vuelvo a lo
nuestro, vuelvo a escribir con las dos manos al mismo tiempo, como ni siquiera
lo hacen los ambidiestros.
Y vuelvo a ti porque es todo lo
que sé hacer, vuelvo a la musa menos pasajera de todas, pero la que más veces
pasa, efímera y a la vez no, una estrella que alumbra las noches donde la
soledad me ataca, donde mis pensamientos me hacen perder, donde la vida se
vuelve borrosa y donde las guitarras acústicas hacen sonidos horrorosos, cuando
la lluvia mata, ácida tal como el
beso de despedida que nunca nos dimos, inútil como las suplicas, como el
orgullo después de tanto y después de todo, antes de nada, antes de mucho, una
rosa azul que se pierde como estos escritos entre mis pensamientos, como estas
letras que se desvían hacía tus ojos, cerrados, imaginando aquella burbuja de la cual siempre te sentías
orgullosa, y yo saboreando tus labios con solo el pensamiento, rompiendo
burbujas en frente de miles de ojos
infantiles, niñatos que no entendían por qué te mordía el cuello y por qué
tocaba el final de tu hermosa
espalda, después de todo eran canciones color esmeralda, que dibujaban
esperanza en los dedos de la irracionalidad, llenos de sentimientos hasta la
médula, y con ánimos de nunca acabar, excepto en las noches bajo las sábanas,
donde ya no habían ojos, más que aquellos miles de poros en la piel que
expresaban sus emociones con esa característica ampliación, antes que nada, era
amor; era imaginación.
—-“Hasta los camellos beben agua.”
Luchábamos por todo y por nada,
mientras nos golpeábamos con la almohada, eran caricias con nombres, con apodos
que no significaban nada, y a la vez todo, porque allí surgió la perfecta
imperfección, donde las líneas se sobrepasaban, donde saltábamos a las vías de
los trenes y esperábamos ansiosos la llegada de miles de pasajeros, solo para
colocarles el pie y que cayeran por su propio peso, éramos fantasmas que
creaban fantasías en lugares inhóspitos, en sitios donde solo la seriedad era
admitida, donde la vida sería dimitida por falta de formalidad, por ropa
indebida.
Círculos y círculos, se nos
acabó el combustible cuando empezamos a pensar en el futuro, cuando miramos
hacia arriba y nos quedamos en el ‘qué queríamos’, en el pasado cuando se
mezcla con el futuro, cuando la brisa soplaba y tocaba las puertas, esa amarga
alteración, distracción y sofocación que sufríamos, porque no todo era blanco y
negro. Y las teclas del piano no sonaban igual, y los dedos ya no apuntaban al
cielo, y las burbujas de la pecera ya no subían, porque el frío ya no invadía
la piel, porque las explicaciones ya no tenían pies, y las aves se estrellaban
en los vidrios como siempre, algo común que se entrometía en la aparente
inestabilidad de los besos en el cuello, en las caricias en tu cintura, se morían los camellos, se
desteñía la pintura.
—-“El dolor es solo un simple compromiso.”
Es tan efímera esa vuelta, es
muy rápida, pero no por ello poco placentera, es bastante agradable, pero
lamentablemente no es más que una quimera, lo cual no me parece desagradable,
si mal no recuerdo fui yo mismo quien osó desactivar las alarmas que mantenían
lejos a los intrusos y no permitían
que nadie entrara a aquella entelequia fascinante. Sin rencores está la maleta
esperando, la lluvia cae y el tren aguarda, la gente apura y camina rápido, el
cielo se empequeñece cuando esos ojos lloran, mi corazón se ablanda
Todo tiene y debe tener un
desenlace, toda historia tiene un epílogo, aunque aparentemente no lo tenga,
todo se filtra y se consuma en unas pocas palabras, todo tiene un porqué y una
explicación, pero somos humanos, no somos omniscientes de esto que lleva por
nombre vida, por ello es incognoscible por qué se cocinaron las hojas de aquel
invierno, o por qué ya es liquido lo que alguna vez fue un gran témpano, y por ello estamos en un frío
desierto bajo la misma luna, mirando la Osa Mayor, trazando líneas para
encontrar el norte, ignorando a Antares y a Betelgeuse, conversando con el
viento helado que con nuestras mejillas coquetea, conversando con la brújula
para que no nos mienta, tomándonos las manos para no perdernos al menos entre
nosotros aunque ya no quede nada. Mirando hacia atrás, hacia adelante, y hacia
los lados, porque no sabemos si allí hay un futuro, pero si lo hay, lo queremos
ahora.
Viste de negro, porque estamos
de vuelta, y no existimos.
“Sigue siendo una continua tortura quererte. Ya no existes, y te
quiero. Te has ido, y te olvido, te olvido, te quie… olvido; y si, te quiero;
-y no existes-.”