Es cuestión de enmudecer, es cuestión de imaginar, sin temer ni envolver, sin siquiera dubitar. No suelo expresarme en primera persona, pero en lo particular, este hecho no perdona; lo más difícil es empezar.
Por
eso son inexistentes las sangrías, los márgenes aquí desfilan sin poesía, y de
verdad es lamentable y lo siento, pero detesto caminar lento, así como detesto
equivocarme, aborrezco tachar, no me gusta retractarme. Es allí donde nace y
surge lo necesario, aquella ribera donde termina lo posible y comienza lo
imaginario, allí se puede corregir sin dudar, allí a todo gusto se puede
inventar y crear; pero la verdad es que esto es el mundo real, existe una mayor
necesidad por colocar los pies sobre la tierra, por reconocer lo vulgar, por
abrir lo que se cierra.
No
es fácil empezar a mirar, no es tan sencillo borrar, esa timidez de tus labios,
esa dulce inocencia que habita en tus ojos, esa que ni los más sabios logran
abrir tal como a un cerrojo. Aspiro la perfección más no la facilidad, pero me
cuesta calcular, me cuesta ser yo mismo y analizar, simular, por no más que
otra razón que la que está oculta y entramada en tu naturalidad, que me
contagia y me inspira a la similitud, a la igualdad, y no lo puedo evitar, es
una hoja que cae en aquel otoño sin desacelerar, es la nube más ligera que
anhela ir contra el viento, una utopía que se viste con tu hermosa sonrisa
singular, y aunque bien sé que me gustan los finales sangrientos, no sé cómo
empezar.
-19