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Presión






Una ausencia marcada por la ocupación, un tiempo que se siente valioso en el momento, pero que al tiempo se da por desperdiciado en cantidades apostróficamente enormes. Con menos que un fracaso, pero con más de cien decepciones, muchas podrían ser las excusas, pero en realidad todo es culpa del inocente.

Solo le pido al señor de los cálculos que sume y reste las constantes para que los números complejos desaparezcan del radical, qué la insolencia de los creadores se haga presente en la redundancia de sus ecuaciones, que las formulas caigan por constancia y que decaigan por esfuerzo, parecencia sin conciencia, es obvia la afirmación aunque se tenga que repetir por montones creativos de sin sentidos intuitivos.

Y allí más que un alivio, se produce la incandescencia, es mi irrelevancia, es la conciencia más la puta constancia. Es aquello que puedes hacer pero no haces, es eso que sucede mientras ves los pájaros planear entre árboles alpinos de las montañas más inertes, en las más luminiscentes; es un sentimiento de vacío en la impotencia, es un gas contenido a alta presión a punto de estallar, pinceladas de fuego con tachones de esquirlas, es una pintura Hiroshímica y Nagasákica, es la rendición ante la potencia más prominente, es la historia en aquella ignorancia sorprendente, es todo lo que ves, todo lo que no ves, es un sentimiento de inutilidad, de vergüenza, de insolencia ante la pobre respuesta, una reacción sin fin, sin excusa. Mal agradecimiento por excelencia, obstinación por naturaleza, ineptitud por simpleza, no es más que la descripción del entorno, que raramente se hace necesario, se hace provechoso y bastante impetuoso.

Un sentido que aparece y renace, porque cuando los ojos de la desolación atacan mis pupilas, no sé expresar todas las justificaciones preparadas desde hace meses atrás, cuando los rayos de sol entraban a las casas del barrio a horas más tardías, cuando los ojos estaban aun en reposo mientras las sinfonías gallísticas sonaban al son de un oscuro día que ya extrañamente había comenzado, una insolencia de carácter inductivo, un sentido que se perdía en lo más prohibido, pero que regresaba haciendo el papel de reminiscencia por lo sufrido. 

Y aquí es tu ausencia, es tu no pertenencia, tu no correspondencia, eres tú otra vez, ya haciendo de las tuyas en un mundo que empieza a ser tuyo, que empieza a saberse tuyo, y ni siquiera das pie a la realización de estos hechos, quizá los supones pero no inquieres en la inferencia de suponer lo ya obvio dentro de lo supuesto y sabido. Eres la especialidad de la casa, eres el manjar que un par de clientes que llevo a los lados de mi órgano olfativo prefieren comer, cada día, degustar tu hermosa piel, una que se ve lujuriosa ante los objetivos principales del insistente ente regulador de sustancias prohibidas.

Concentración inequívoca del aturdimiento, una desmotivación que recorre mis venas cuando no suceden los planes como se espera, es más que decepción, es dolor, es... 

Consiguiente, subsecuente, y más clara la voz del tonto oyente, una presión, una canción, un corazón, miles de vías entre tus piernas y las mías, miles de antiguos adagios entre mis labios y tus labios, hay un camino largo y estrecho entre tu hermoso pecho y mi pecho, hay un millar de estrellas que recorren en órbitas inusuales las constelaciones que rodean a tu ya conocido lindo cabello.

He de admitir que eres mi desviación preferida.

¿Aún estás conmigo aun cuando te siento tan lejos?
¿Te puedo tener aun no teniéndote en mis brazos?
¿Y si yo si puedo sentirte aunque tu no me sientas?
¿Y si hago existir lo inexistente?

Es de humanos crear aunque todo ya esté creado, es de humanos destruir aunque todo esté ya escrito, es incesante el poder que ejercen tus labios sobre mí, esos ojos tuyos tan intensos que ya se acuestan conmigo, el lindo aroma de tu ser que ya ha probado uno de mis sentidos, pues aquí yace la concordancia de  todos los hechos que me relacionan contigo, aquí yace tu subyugación ante mi imaginación, aunque no lo quieras, eres parte de mi presión, que empieza en un ángulo notable y termina en una mezcla singular de las constantes de Euler y Pi, en las constantes de presiones que se admiten con las leyes termodinámicas. con la sensación de perder, pero con la esperanza de ganar, ya sin más.

Presión.