Una fría gota de lluvia cayó en mi espalda, hace unos días, mientras buscaba algo en el suelo del patio de mi casa, justo empezaba a llover, justo empezaba a mojarse el suelo a mi alrededor, no quería mojarme yo, ya conocía esa sensación, es gota fría allí, en mi espalda, y no es que era desagradable, sino que provocaba en mi una reacción abrupta, de esas que te hacen mover todo el cuerpo, de repente.
Pasaron unos mil cuatrocientos milisegundos antes de que una de las gotas me tocara, estuve esperando lo contrario, pero en el fondo esperaba ese contacto, sabía que mientras más tiempo pasara en ese patio, más probabilidades había de que me cayera una de esas gotas, y no tenía muchos ánimos de salir corriendo y evitar a toda costa dicha gota, no tenia ánimos en realidad. En el momento en el que la gota tocó mi camisa, ésta pareció hacerse nula en el espacio, ya que sentí la gota como si hubiese caído directamente en mi cuerpo, inmediatamente me retorcí y lancé un juramento, por dios, estaba fría, muy fría, sentí una pasteurización en mi cuerpo, la diferencia de temperatura ha de haber sido de unos veinticinco grados centígrados, fue cruel, torturante.
Si, fue una simple gota, pero en mi mente, una muy abstracta, siempre busco los símiles existentes entre mi realidad física y mi realidad intangible, y de inmediato lo comparé con esos golpes tan fuertes que uno recibe, y no me refiero a golpes físicos, precisamente.
En el plano físico, soy capaz de apostar por que justo un milisegundo antes de que la gota me tocara, era el momento en el que más esperanza tenia de que me daría tiempo de terminar lo que estaba haciendo, regresar adentro y salir ileso de aquella lluvia, y quizá por ese alto nivel de esperanza, el tacto de aquella gota fue más fuerte aún, la temperatura de dicha gota fue menor aún, la temperatura de mi cuerpo justo en el lugar donde cayó la gota, fue mayor aún, y los nervios se agudizaron como nunca antes en ese microsegundo de primer contacto, yo soy capaz de apostar todo por eso.
Todo es mental, hasta lo físico es mental, eso es una teoría que han desarrollado otros pensadores hace mucho tiempo atrás ya, y quizá más adelante explique mi manera de verla. Volviendo al plano intangible, es bien sabido que la mayoría de las personas pierden las esperanzas en el último minuto, y que por ello, si no sucede lo que esperan, simplemente el golpe se siente con mayor intensidad. Esperamos, creemos que sucederá ésto, suponemos que pasará lo otro, intuimos que vendrá tal, apostamos que no pasará aquello, siempre es así, es algo inevitable en el ser humano, pues se nos dio el don de la imaginación, y con ella y un poco de racionalidad, pretendemos predecir el futuro. No sabría decir si es posible o imposible, es ambiguo, es relativo, depende de las variables, necesitaría opiniones para definir la posibilidad de predecir el futuro, necesitaría un debate, ahora mismo no tengo algo sólido sobre ello. Pero hasta que no se demuestre lo contrario, es imposible, pero no entendemos ese concepto y automáticamente nos esperanzamos, inconscientemente, la mayoría de las veces, y el que diga lo contrario, no tiene noción de lo que es la esperanza, podría colocar mil ejemplos, y todavía quedarían millones... solemos esperar de todo.
¿Puede alguien acostumbrarse a no recibir lo que espera?
Yo espero que no me toque la gota, confío en que no me va a tocar la gota, millones de gotas me rodearán, ninguna me tocará, en serio lo siento, lo deseo, no finjo estar esperanzado... ¡bam! me toca una, no reacciono, ni me muevo, normal, sabía que me tocaría. ¿Es posible? ¿Cabe esa ambigüedad tan absurda en una mente humana?
Mi respuesta, es que si, todos nos acostumbramos, si ya me ha pasado miles de veces que me cae una gota, ya conozco esa sensación, ya sé como contrarrestarla mentalmente, incluso físicamente, me acostumbré a ese frío, sigo esperando que quizá ésta vez no me toque, pero sé que si me tocará, en base a probabilidades, en base al pasado, si me toca, no pierdo nada, si no me toca, pues bien, genial, indiferencia, dos respuestas a una misma pregunta, ninguna de las dos es absoluta, ambas relativas, mentalmente recuerdo la experiencia, físicamente conozco la sensación, ese dolor no es nada ya para mi, mi esperanza es casi absoluta, estoy preparado, para lo bueno, para lo malo, para lo mejor, para lo peor, ya he calculado todas las variables, ya he presumido todos los escenarios, ya nada me sorprende, ninguna gota podrá conmigo, ni siquiera millones de gotas de agua superaran mis billones de gotas de esperanza.
Pero nada es absoluto, justo cuando apostaba todo, cuando creía que mi flor imperial ganaba el más grande bote de todos los tiempos en Las Vegas, Nevada, acaban de anunciar en la federación internacional de póquer Hold'em, que una pareja; justo como aquella que tiene mi adversario en la mesa; tiene mayor jerarquía que una flor imperial, por decisión unánime del consejo de sabios del póquer, CSP por sus siglas en inglés y en español también, todo cambiaba, yo perdía, justo en ese momento la presión atmosférica aumento tanto que la temperatura disminuyó drásticamente en el ambiente, aquellas moléculas de agua se inhibieron y se comprimieron lo suficiente como para estar en lo que se conoce como estado sólido, a setecientos cincuenta y seís milímetros de mercurio serían cero grados centígrados los necesarios para que el estado sólido en el agua se manifieste, pero la presión estaba en novecientos cuarenta y dos milímetros de mercurio, por lo que los grados centígrados necesarios eran aproximadamente siete u ocho, la ley de Hess cobraba efecto, se demostraba por si sola gracias a la hermosa naturaleza, ya no era una gota de esperanza, era un pedazo de hielo.