Leer una entrada aleatoria

Efimeridad

 




Imagínate vivir siempre tan melancólico que ni siquiera sepas qué es la melancolía. Y lo digo: justo aquí, el verbo haber me tienta, como me tienta un vacío o un par de luces en la avenida. En la melancolía hay sonrisas, es algo que se aprende, pero se aprende sin nombre: solo hay. Ya pequé, tan pronto. Y sé mucho pero nunca aprendo, por eso es que no sé nada. Todavía me cuesta perdonarme las náuseas y las cobardías. ¿Te imaginas ser tan cobarde que vomitas? Me ha pasado tres veces. El problema es, hoy, que sé que estuve muy cerca de tener todo el valor que se necesitaba; porque no es tan cobarde el que se asusta desde un principio como el que coge carrera y luego se frena. La valentía es irrefrenable. Y me preocupa vivir tanto más, a veces me da terror llegar a los veintiseis; no es como que no quiera, es que no lo quiero. Me duelen las piernas y el otro tren se va a tardar; tengo hambre y sed, sueño y, lo que es peor, sueños. Imaginate lo melancólicamente poético que es morir con sueños. Porque hasta los malos poetas aman la muerte. Los bocadillos de paz tienen sus nombres, a veces apellidos; normalmente son solo fechos: la risa de un niño, un sorbo de café, une petite mort, alguna multimedia. Pero te digo: los bocadillos de paz se apellidan crónicos, y su madre es la diosa de la efimeridad. El corazón del señor tiempo es de piedra con hielo, dijo el poeta. Ni porque es mi abuelo (porque soy hijo de Atenea). Solo me consiente Mnemósine, pero es más que un castigo memoriar a los melancólicos. Para una persona con los días contados la paz de unas horas sabe a minutos, y la guerra se mide en segundos. Solo sumergido en una neutralidad inerte y carente de sentido es que Cronos me perdona. Y río porque lloro, mas no lloro porque río. Los que me aman saben que moriré con una sonrisa a flor de piel. Decía que siempre se irán, y no me daba cuenta de que el que siempre se irá soy yo. Soy la fotografía de un acosado, de un metal magnetizado a la nada; no ha habido una mano de la cual no me haya atrevido a soltar. ¿Es esto de ser Eros por mis nombres lo que me ha provisto de estas alas? ¿O es mi regente astrológico, Mercurio (Hermes), el que me hace volar? Tal vez Cronos me pellizca por ser hijo de la espuma uránica; ojalá se supiera que vengo de Penia y Poros. A decir verdad, la abstracción es lo único que me permite saber ciertas cosas, pero, ¿a qué costo? De nuevo: hay una parte de mí que huele a un perfume que desconozco. Sé que huele a melancolía, pero porque lo dice el que me huele, no mi propia cabecera. ¿De qué vale tener pedales si el motor no acelera?










Como extraño







Yo te quiero más de lo que tú me quieres
(te quiero en los cerros,
trás los enseres)
Yo te quiero más de lo que tú me quieres
(te quiero férreo
como una fiera)
porque te quiero como los perros
quieren a las perras

y a sus amos;
te quiero así
como extraño.

Interlineado

 



Me escribí una carta a mí mismo
hace un tiempo,
dice «No».

Nunca comprendí tal abismo,
hasta hoy.

Fui a escribirme una carta a mí mismo,
para dentro de un tiempo,
y escribí «No».

Nunca comprendí tal abismo,
hasta hoy.







Flagelo

 





Corro detrás de ti
como un muerto
que persigue a la vida.

Hay una guitarra
que le da tonada
a mi viaje.

Son acordes tristes
como los de La Llorona.

El que no sabe de amores, Llorona,
no sabe lo que es martirio.

Eres mi martirio.

Ya estoy cansado,
mis piernas duelen
quizá tanto o más
que este tonto corazón.

Ni siquiera soy capaz
de gritarte, ni de juzgarte.

Me preguntas si reclamo,
me preguntas si te amo.

Solo clamo
de rodillas, arrastrándome,
pagando una promesa que nunca hice.

Que este tonto corazón
hizo por mí.

Ya te has ido y sigo esperándote
y te espero sin paciencia
porque corro hacia ti
¿cómo se espera corriendo?
¿cómo es que te espero
mientras tiendo hacia ti?

Este pecho mío ya no resiste tantos vacíos
tantos temores
tanto miedo de gatear de una manera
que solo te lleve a volar más rápido y más lejos.

Soy solo miedo cuando me acerco a ti.





Solo miedo.





Ni siquiera espero rosas, ni besos;
solo espero que sepas que estoy aquí,
que me veas, detrás de ti,
que si te susurro me escuches, me sientas,
que si no me ves, me des tiempo de recuperarme.

De acercarme, así esté muy lejos y solo me acerque hacia un cálido lejos.
Esos lejos tuyos son mis cercas. Mis aguas, mis finales de ayuno.

La vida misma.

Parece ser que,
aunque parezca que no,
siempre estaré yendo hacia donde vas vos.

Parece ser que,
entonces,
siempre me vas a doler en este pecho
que es más tuyo que mío.

Y no te quiero perder,
no te quiero
perder.

Eso, tal
vez, es
lo peor.

Porque mis pocas promesas siempre las cumplo.
Y hasta las ajenas.

Sería fácil entender que solo quieres estar sola,
sería fácil.
Sería fácil.

Sería.

Sería fácil...



Tal vez lo es.



Y esto no es un poema
es mi llanto.