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Yo solo






Los grises sentidos, las paredes y las aceras, las calles,
los ríos de lluvia, las gotas que sufren en los vidrios,
la sombría solitud de la calzada, la triste alevosía del ser.
El horizonte destrozado, las montañas caídas,
las cuerdas del tren, las ruedas del piano;
la cara tendida, los ojos, siempre, cerrados.
Nada rápido, casi nada lento. Una sola cosa: la vida.

Un silencio enternecedor: la conmoción de la ausencia.

El recuerdo de un ayer rodea mi ser.

Aquí de rodillas te imploro misericordia,
te pido desde lo más intimo de mis huesos
te ruego desde los más sinceros arrepentimientos,
te suplico, sin cesar, que desaparezcas,
como solo tú sabes
este dolor tan añejado, tan atelarañado,
tan acrisolado en mis cavernas
que parece haberse convertido en las lágrimas de un ángel celestial,
me destroza.
Desaparece, por favor, por amor,
por compasión,
por lástima o dolor,
todo este amargo resplandor que enceguece mis alegrías
que predestina absurdas mis sonrisas,
que dirige al abismo mi insensata felicidad
me destruye.

Yo solo te lo suplico.