Hola, compa.
Te escribo esto mientras me tiembla el pulso, me tiemblan las piernas, los dedos. El pecho se me pone frío de repente, es como un aire congelado interno que recorre mi cuerpo. El corazón me late muy fuerte, muy rápido. Creo que así se siente uno cuando se va a morir. Siento que vivir así no sería vivir, porque es desagradable, se siente muy feo.
Creo que después de todo siempre tuve razón. Y nunca quise tener la razón. Cuando decía que siempre todos se irían, no quería tener la razón. Cuando decía que yo era un monstruo, nunca quise tener la razón. Cuando dije que volvían por el síndrome de Estocolmo, no quería tener la razón. Cuando decía que me iba a morir solo, no quería tener la razón. Cuando decía que la vida no era bonita, te lo juro, no quería tener la razón. Pero al final, la estoy teniendo en todo lo que nunca quise tenerla.
Y por eso muero, por eso aquí estoy muriendo. Porque tenía esperanzas, siempre tuve esperanzas, pero ahora las estoy perdiendo. Las pierdo y me pierdo. Pierde sentido mi vida.
Creía que la vida podía ser bonita pero me estoy dando cuenta de que son más los cielos grises que los azules, y que son más las gotas que las luces. Creí que encontraría un amor incondicional, de esos que nunca se van, pero me di cuenta que no existe ni existirá, y que nadie te ama tanto sin poner un pero. Creía en muchas cosas, pero ya estoy creyendo en nada.
Me siento débil. Somos nada sin esperanzas. Yo soy nada sin esperanzas. ¿Quién soy sin mis esperanzas? Soy nadie sin mis esperanzas. Me estoy rindiendo, compa.
Probablemente pronto termine bajo un puente, viviendo sin futuro alguno, mojándome en la esplendorosa lluvia y salpicándole mis lágrimas a los vientos, llorándole mis penas a las calles y contándole mis historias a las aguas sucias llenas de excremento. Me iré lejos para que nadie pueda encontrarme, y moriré solo para que nadie pueda recordarme. Siempre supe que este sería mi destino, compa, desde pequeño lo podía olfatear. Sabía que mis manos no eran normales. Sabía que cada pensamiento que se me cruzaba no se le cruzaba a alguien más. Siempre me supe miserable, aunque cuando estaba pequeño no sabía qué significaba, o qué consecuencias me traería. En el fondo, sabía que terminaría muerto y sin memoria, sabía que terminaría sin gusto y sin café, que terminaría ciego y sin escorias, y que acabaría sin boca y sin mi té. Que las tardes alejandrinas ya no tendrían versos, y que las horas dormidas no serían más parte de mi universo. Siempre supe, en el fondo, que mis noches serían mi pérdida, y que los días serían dolorosos como un olor a café en el ayuno. Sabía que mis brazos terminarían extendidos en el suelo de alguna calle, y que mi cabeza reposaría viendo hacia un cielo oscuro. En el fondo sabía que toda mi vida era un desperdicio, porque todos mis planes se verian arruinados por un disparo fuerte y rotundo.
Bueno, en realidad nunca supe como sería, y tampoco lo sé ahora.
Lo más probable es que mi hermano tenga razón, y termine creyendo en Dios, porque estaré tan solo que él será mi única compañía. Lo más probable es que ya no me gusten las mandarinas porque me aburriré de comerlas todos los días. Lo más probable es que se me olviden las canciones de mis artistas preferidos porque tendré mil y un noches perdidas. Lo más probable es que ya no me gusten las mujeres porque nunca más podre tocar una. Lo más probable es que deje de pensar porque me volvería loco con la luna. Lo más probable es que ya no tenga carácter porque no tendré quién me reprima, lo más probable es que ya no hable porque no tendré mucha agua ni comida. Lo más probable es que ya no hable de Paul Walker porque no tendré quien se ria, lo más probable es que ya no escriba, porque no tendré tinta en la tintería. Lo más probable es que deje de ser yo antes de morir, porque ya no sabré quién fui en vida.
No quiero que le digas nada a nadie, ni que me hagas sentir extrañado. No quiero que nadie me recuerde porque sé que será en vano, y que apenas lo intente ya todos me habrán olvidado. No quiero que nadie me llore porque mis lágrimas ya habrán todo el valle inundado. No quiero que nadie me despida, quiero que nunca sepan a dónde he marchado, y que crean que aún tengo vida cuando la verdad es que me habré colgado. No quiero que nadie me recuerde como alguien bueno, porque ellos siempre me hicieron creer que era malo; mucho menos quiero que se lamenten de una probable muerte, pues ellos me han matado.
Me siento fatal, compa, y fatal es la muerte, por eso me siento muerto.
¿Recuerdas que nunca creí en la vida después de la muerte? Era porque nunca creí que me fuera a morir, porque los protagonistas nunca mueren. Yo creía que era protagonista. Quizá soy el protagonista de un guión en el que el guionista decidió matarme. No, nunca me gustó tanto Shakespeare. Ahora me conviene creer en la vida después de la muerte porque ya me quedé sin vidas, ya no hay más intentos después de este. Estoy cayendo, y mientras caigo el tiempo pasa extremadamente lento. No hay peor muerte que la muerte en vida, el dolor y la agonía, la tragedia de la vida.
No te lo voy a negar. De repente me dan ganas de seguirlo intentando, pero la única manera es que busque a alguien que me de un abrazo; y se me hace un nudo horrible en la garganta y se me cristalizan los ojos al recordar que no hay ni siquiera un par de brazos. No quiero ir a un centro de rehabilitación a que algunos extraños me digan que debo sonreir y superar, no quiero abrazos de extraños, ni de gente que evite el suicidio de alguien más sin darse cuenta que no es debilidad. No quiero autoayuda, ni ayuda ficticia, no quiero hipocresias ni experticias, porque lo que yo siento acá no tiene ciencia, y lo que quiero aquí no tiene precio.
Y se me parte el corazón en otros mil pedazos, porque como el infinito existe, existe el infinitesimal, y hasta el átomo es divisible, ¿por qué mi corazón sería excepción? No preguntaré dónde están, porque sé dónde están. Están en sus vidas, sumergidos en sus propios problemas, sin necesidad de querer tener problemas de alguien más. Están siendo felices o infelices, pero están siendo ellos, allá, lejos de mí.
A ver, cómo te lo explico.
Todos nos conocimos por accidente.
Tus padres se conocieron por accidente, y sus padres se conocieron por accidente, y los padres de sus padres, y los padres de los padres de sus padres. Y los hermanos son accidentes, y los nietos son accidentes, y los sobrinos son accidentes, y los primos son accidentes. Todo viene de un accidente.
¿Sabes que es lo único que se escapa de un accidente? La relación hijo-madre, estrictamente en ese sentido y no viceversa.
Es increíble, pero es lo único que no es un accidente. ¿Cómo iba a ser un accidente el sitio de dónde saliste, joder? La madre es lo único que tenemos que no es un accidente. El hijo es un accidente, porque proviene de un accidente, pero la madre no puede ser un accidente.
¿Entiendes? Estamos condenados a necesitar a alguien que no nos necesita. Sí, puedes decir lo que quieras, pero madre solo hay una. ¿No lo terminas de entender? Hijo no solo hay uno, hijos hay millones. Puedes tener un hijo cuando quieras. Pierdes uno y tienes otro. Puedes tener un hijo con este, con aquel. Puedes tener un hijo aquí o un hijo allá. Puedes tener un hijo de esta manera, o de esta otra manera. Todos tienen millones de hijos.
Extrañamente, todos tenemos solo una madre.
¿Cuál es el punto? Pues... ¿Por qué alguien tendría que involucrarse de más con alguien que es solo un accidente? Todos conocimos a nuestros amigos por accidente. Todos son accidentes. El accidente de haber quedado en el mismo salón. El accidente de haber quedado en la misma oficina. El accidente de vivir cerca, el de vivir en paralelo, el de pensar igual, el de sentir igual, el de mirar parecido o el de hablar similar, el de vivir en la misma casa, o el de que vengas del mismo vientre, el de que fuiste a quien mi madre conoció y quien puso su materia para que yo existiera, el de que simplemente existimos en el mismo planeta, el de que existimos en la misma era, el de que existimos en el mismo universo, en la misma dimensión.
La única excepción a esto, es tu madre.
No, no puedes decir que pudiste haber salido de otro vientre, porque no eres preexistente antes de estar en el vientre de ella. Los espermatozoides no son seres vivos, te haces ser vivo cuando te ovulan, y cuando empiezas a ser vivo, ya estás dentro de ella. Así que no, no es un accidente.
Entonces, si todos somos producto de un accidente, pues la respuesta que duele es, "pudo haber sido cualquier otro". Es decir, aquel amigo pudo haber sido cualquier otro. Y lo verías igual. Y lo querrías igual. Pudimos haber sido otros. Sabes, eso del destino no existe. Creemos que es el destino cuando en realidad es un accidente más fuerte. Obvio, todos estamos influenciados más o menos por las mismas cosas, es eventual que encuentres a alguien que sea muy compatible contigo. Pero también será un accidente. Hay gente que se muere sin nunca encontrar su alma gemela. ¿Entonces? ¿Dónde queda el destino? Ah, ¿es que era su destino morir sin encontrar su alma gemela? ¿Entonces para qué sirve el destino si no es para defraudarnos? Si no es para decirnos que no cuando le plazca y que sí cuando le de la gana. ¿El destino nos rige? Lo dudo, el destino no existe porque todo es un simple y llano accidente.
Todo es un accidente.
Todo es accidental.
No hablo por hablar, me cansé de leer y estudiar. Estudié mucho contigo, lo sabes. ¿Te acuerdas cuando leíamos a Kant y discutiamos sus ciencias? ¿Y aquellas veces que leimos a Schopenhauer y debatimos hasta que perdimos nuestras apariencias? Nos cansamos de entender las teorías, pero nunca probamos las prácticas. La praxis, la política que tanto anhelabamos. Yo me quedé en el camino. Me dormí en el intento, me caí en la escalada, resbalé y nunca más volvi a valer nada.
Nunca entendiste el sentido de la existencia como lo entendía yo, ¿recuerdas? La plurivalencia que yo planteaba no te cuadraba. Pues, ¿de qué sirve existir si no es para saber que existimos? Es decir, que todo lo que no es sabido existente, no existe, al menos que se sepa existente. Por ende, la inexistencia no existe, y solo existiría en un mundo metaexistente. En síntesis solo existe lo que sabemos que existe. Por otro lado, la realidad, es distinta. La realidad siempre fue ajena a nosotros, porque ella existe sin necesidad de que sepamos, o no, que existe. Es decir, la inexistencia existe, y solo es llamada existencia cuando sabemos que existe lo antes inexistente. Nada necesita saberse existido para que exista, y nada necesita ser existente para existir, porque la existencia es un concepto ajeno a la realidad y es independiente de la mente humana. La peor de todas para ti siempre fue la tercera parte de esas valoraciones. La existencia no existe porque todo está en nuestras percepciones y subjetividades, colectivas o individuales nunca serán suficientes para averiguar qué hay más allá de los sentidos. Es decir, nuestra mente es un proyector del cual nunca podremos escapar, por ende nunca sabremos si la existencia existe, o si la inexistencia existe, simplemente debemos vivir con base en supuestas existencias y supuestas inexistencias, que solo pueden ser normalizadas a través del pensamiento humano colectivo. En síntesis, la existencia es una convención colectiva. ¿Cómo salir del trilema? Siempre preferiste alejarte de él y no pensar en ello. Es el eterno problema de los universales y no todos están dispuestos a sumergirse en él. ¿Recuerdas el ejemplo de la hambruna, el pan y el niño? Hay hambre y todos están muriendo. De repente revisas tus bolsillos y tienes un pedazo de pan. Si lo comes, sobrevives. Pero de repente te mira el niño. Si se lo das, él sobrevive, pero tú mueres. Si te lo comes tú, él muere. Si lo divides, no alcanza y ambos mueren. ¿De qué se trata? ¿Cuál es la respuesta? No hay truco, nunca lo hubo. La respuesta es que no hay salida, la respuesta es que hay que decidir. ¿Y cuál muerte vale más? ¿Y cuál vida vale más? ¿Y si tú mueres acaso él no deja de existir porque ya no podrás percibirlo? Ah, allí no conviene el nominalismo. ¿Y si él muere acaso no dejará en tu vida un vacío porque alguna vez existió y ya no existe? ¿La existencia se valora en pasado? Es decir, ¿si existió quiere decir que siempre existirá? No porque muera lo dejarás de recordar y no te sabrá amargo aquel pan. ¿Entonces la existencia es perpetua mientras exista la memoria? ¿Entonces lo dividirías para que ambos murieran y ambos dejaran de existir porque ambas memorias se esfumarían? ¿Pero, acaso, no es que la realidad es ajena a nosotros? Entonces existirán en la memoria del universo, en la memoria de la realidad. ¿Cuál es el sacrificio entonces si de todos modos existirás? Está bien, digamos que da igual porque todo es ideal. Es decir, si le das el pan a él, o te lo comes tú, o lo divides, daría igual, al fin y al cabo solo estamos suponiendo que él existe, y que el pan existe, y que tú mismo existes. Es más difícil imaginar eso, ¿cierto? Siempre se nos hará más difícil imaginar que todo es un sueño cuando ya nos han dicho mil veces que esta es la realidad. La convención colectiva de la existencia es la convención más difícil de romper, y para nosotros solo existe en películas como Mátrix, y es casi imposible que sea una realidad. Sería irónico que el idealismo sea una realidad, sería irónico que el que todo esté en nuestra mente sea nuestra verdadera realidad. ¿Y cuál es la verdad? Ese es el concepto más importante de la convención colectiva. La verdad es lo que tú quieras creer que es verdad. Ese fue tu gran escape siempre, me decías que la realidad no importaba mientras existiera la verdad. Y nada más cierto.
Lo siento. Nunca quise llevarte a leer esto, pero eres el único que sé que lo leería todo. Estoy destrozado, vivo destrozado. Me duele el alma, allí adentro en donde sé que no hay nada y a la vez lo hay todo. Me duele eso que no puedo tocar, me duele eso que no sé cómo hallar.
¿Recuerdas cuando estudiamos a Freud? Eran tiempos geniales. Sentíamos que teníamos el mundo en nuestras manos cuando más bien estábamos por descubrir lo oscuro y horrible que era. Hoy siento que mi SuperYo está haciendo mella en mí, que mi Yo está sin poder, y que el Ello lucha sin descanso contra el SúperYo. ¿Sí lo entiendes? Son dos entes ajenos a mí pero que a su vez soy yo, sin ser Yo. Maldita sea Sigmund. ¿Cómo lidiar con una lucha interna que se da gracias a agentes externos? ¿Cómo externalizo lo que es externo pero que se ha internado en las catacumbas de mis pensamientos? ¿Cómo dejo escapar el aire sucio de mi inconsciente? Tanto que siempre me jacté de auto-psicoanalizarme y esta vez no he podido hallar el trauma que desencadena todo esto. O quizá sí, pero, no lo sé... ¿Es posible saber algo y aun así no resolverlo? Sï, creo que sí. Me pasaba cuando estudiaba ciencias en aquella inexorable casa de estudios. Siempre sabía cómo hacer las cosas, pero nunca podía hacerlas. Era una maldición. Pero era hermoso. A ti te encantaba más que a mí, sí, pero a mí también me fascinaba. Era un reto para nosotros estudiar allí. Un rato que superamos, y que una vez superamos, dejamos de lado. Pudimos más que el SúperYo de aquellos momentos, y dejamos que el Ello hiciera un poco de su trabajo, y así él satisfizo al yo sin satisfacer al Yo. Ojalá ahora pasara lo mismo. Pero creo que eso no pasa después de muerto. Porque después de tanto y de nada, no se me quita lo fatal, compa. No. No tiene que ver con Camus. Es decir... Bueno, solo un poco, pero no tanto como imaginas, después te cuento.
No sé si me de tiempo de hacer la parte dos]