Ha nacido dentro de mi una mezcla, bastante siniestra.
¿Por qué escribo tantos versos para ti con esta maldita mano diestra?
He encontrado un camino, un día cualquiera, no había bebido absolutamente nada de vino; y allí estaba lo que a todos nos espera. Multitud de personas estaban confrontadas en el andén, yo apoyado en una pared sin fin tenía en frente un camino a seguir.
¿Al edén? ¿Al infierno a sufrir?
Al final del camino una franja amarilla,
exactamente en mi visual recta un "el".
¿Pista sencilla? ¿Para mí o para él?
Súbitamente pensé todo,
calculaba nada.
Aguardaba ansioso del tren la llegada.
¿Cómo te saco de mis pensamientos, maldita mujer,
hecha de cerezos y piel de miel?
¿Acaso has venido para quedarte y nunca partir,
o para hacerme llorar y nunca sonreír?
¿Por qué siempre apareces cuando me quiero morir,
tienes algo para mí o a favor de mi existir?
¿Dónde has estado cuando te he necesitado hoy y ayer,
cuando a punto de perderlo todo estuve, maldita mujer?
Un hombre a mi lado me habló,
no lo conocía
y tuve ganas de preguntarle si creía en un dios.
Podría.
Tres metros antes del "el" se detuvo,
sin contemplación, hasta allí estuvo.
Reinició lento
y comprendí que no era mi momento.
Hasta allí esa historia sin mágico fin.
***
Luego lo clásico,
encontré mil defectos en contra de mi beneplácito,
me sentí parásito,
notando todo aquello tan misteriosamente básico.
Me pregunté si algún día dejaría de encontrarlos,
y ser feliz sin notarlos a todos ellos,
que montados siempre en sus malditos camellos,
se burlan de mi sin yo siquiera mirarlos.
¿Existe la chica ideal?
Mi tolerancia con todo aquello diferente
vive en el cielo más sumiso,
pero la tolerancia con cualquier pareja,
en el frío piso.
Cuál es mi solución,
cómo evito mi frustración.
Suelo preguntarme si debo conformarme,
o si debo ilustrarme en el arte de esforzarme.
Esforzarme en una búsqueda que aparenta ser infinita,
pues irónico sería que la búsqueda de lo infinito sea finita,
y que el perfume de tu sexo sea tan perfecto
como cada uno de tus pensamientos.
Sería algo más que utópico que te guste lo mismo que a mí,
pero sería contraproducente porque también te gustarías así.
Sería fantástico que quisieras hacer lo mismo que quiero hacer yo,
pero sería una locura que te devoraras al mismo tiempo que lo hiciera yo.
¿Por qué no puedo simplemente tener una noche llena de vino en tu ser,
y así olvidar todo lo que no me gusta de él?
Empieza a devorarme por la entrepierna y así eliminarías todas mis dudas,
e irónico sería pues empezarías por la que menos suma.
Calla mis pensamientos y controla mi espuma,
mi rabia, mi enojo, mi ira en suma.
Que lo único blanco que salga de mi sea tu alimento,
y que no me importe ninguno de tus pensamientos.
¿Qué es pera?
Hazme un maldito animal que no piense ni dude,
vuélveme un canino sumiso que con su lengua te estimule.
Rásgame,
rómpeme,
tritura mi mente,
apodérate de ella,
inclemente,
maldita puta, mi doncella.
Sé para mí lo que quiero que seas,
sin dejarme subir los listones cada vez que lo hagas,
así cada vez que te veas,
veas en ti lo que quiero en mi cama.
Súbete,
móntate,
descontrólame como solo tú sabrías,
haznos protagonistas de nuestra más infame fantasía.
¿Dónde estás?
No te veo.
Es que has logrado cerrar mis ojos con tanto jadeo.
Se acaba la cena y ya tus pérdidas no veo,
y entre tus líquidos me regodeo.
¿Has pillado cómo es que se hace?
Pues venga, basta de hacer las paces.
Hazme el amor, la guerra y todo lo que de tu corazón y de tu sexo nace.
Habita tu ser en el mío y hazlo perfecto,
déjame de una buena vez sin techo.
Quizá mañana recuerde tus defectos,
pero estaré disfrutando entre tus pechos.