Cuando quiero llorar no lloro
Necesito llorar, pero no puedo,
entristece mi alma darme veintidós golpes en el pecho,
y no sentir ninguno
porque no tengo nada dentro.
Ironicamente así,
tengo mil ciento veintiuno,
sentimientos por dentro.
Más allá de físicos y contemporáneos,
más allá de olores de muertos craneos,
es la rompificación del futuramiento,
algo así como la creación de un nuevo sentimiento.
Siento quemar mi garganta,
ante la ira,
guerra santa,
bendíceme con tus maldiciones y
ahogame con tus más mundanas pasiones.
Solo quiero cantar la más triste canción de este mundo
sin color
para ver si así olvido esto,
lo que ha sido mi primer gran desamor,
de esos que queman por dentro,
de esos que matan pasión.
No pude evitar decir al artífice:
"si se pudiera retroceder el tiempo, ¿no?, doctor".
Es una muerte subcutanea,
es un cambio de planes forzado,
ilusión rota de manera instantánea, sueños botados.
***
Vaya perdición en la que me he vuelto sumido capitán sonoro,
¿acaso no habéis notado que está lloviendo?
Lo siento, pensé que las nubes me estaban sonriendo,
ahora me doy cuenta que lloro.
¿Por qué decís que estás llorando si no hay lágrimas?
No lo sé:
Que nazca de nuevo Saulo, y que me visite en Juan Griego,
que lo vuelvan a llamar Pablo y lo bauticen sin agua,
que me lo traigan un junio trece día de San Antonio de Padua,
que ya no sea ciego y que llueva algo más que agua.
Que venga aquí Miguel Ángel Asturias a decirme que no,
que se me olvide Arturo Uslar Pietri y aquel otro señor,
que me resuciten a Miguel Enrique Otero y a su más preciado tesoro,
porque aquí estoy yo, que cuando quiero llorar no lloro.
Cangrejo
Raro vaivén, dulce vuestra eternidad.
Dulce amarga porque está necesariamente en soledad,
agridulce porque está vacía en tiempos de austeridad.
Insatisfacción y descontrol, sois pasión sin diques,
refugiados sin fronteras,
rostros sin tabiques, Arezzo sin quimera.
Indignificante actuación de ánimas desaparecidas,
subsiguiente división de páginas preestablecidas.
Porque no es lo mismo al ver detrás que ver delante,
al notar sin duda que no existe alma que lo aguante.
El cambio ha golpeado vuestro rostro con aires de sortilegio,
sin castillo, sin rey, sin caballos regios.
¿Y quién os ha de comprender doncella ajena?
Si no es otro que aquel que te enajena.
Heme aquí rodeado de caimanes de río,
y entonces me preguntáis por qué sonrío.
Es que si a vuestros ojos de lagarto enamoré con un arma simple,
qué diferencia habría de existir con otros ojos de la misma estirpe.
Ya mis pies besan y serenan,
ya vuestra piel corroe y jadea,
es hora y momento,
deja que os vea.
Porque entiendo bien a diferencia de los demás
(ha de ser porque os tengo siempre en mi entrecejo),
que vos sois de las que va hacia delante y hacia atrás,
como el cangrejo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)