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No eres para mi






Si tengo que forzar mis ojos para verte, no eres para mi.

Si tengo que bajarle volumen a la música para escucharte, si tengo que apartar las rosas para olerte, si tengo que colocarme guantes para tocarte, si tengo que robar para poder besarte, no eres para mi.

Y no sé si eres o no eres para mi, porque no creo en el destino, pero soy humano, un humano como cualquier otro, uno que se deja llevar por las emociones, de esas que invaden dulcemente nuestros rincones, de esas que hacen de las suyas cuando no pensamos, cuando dejamos la consciencia a un lado, cuando estúpidamente nos enamoramos, aquello que muchos tildan de pecado.

Y nada ha empezado, y más que por ende, nada ha terminado, porque de ti depende, de si me ves y sonríes, o de si me ves y me haces a un lado, y tengo pruebas de lo segundo cuando no ríes, pero la esperanza es algo que el basto, llano y conformista humano ha inmortalizado.

Creo creer en el amor a primera vista, pero no el de las películas, sino el de la realidad, aquel en el cual observas a alguien y tu mismo decides si buscar una amistad o buscar algo más, si estar dispuesto a aceptar una mirada y una sonrisa, o si a la primera señal te vas. Para mi al fin y al cabo el amor es una decisión, aunque parezca lo contrario, al igual que la felicidad, no hay nada más ordinario, común y normal, que decidir a ciertos ojos mirar, y sentir confianza y seguridad, pero... de ilusiones está hecho el mundo, de malas interpretaciones, con miles de nudos, aunque el amor siempre está en las canciones, a veces desaparece y no deja rastro, se va y nos deja desnudos, al lado de un infame padrastro, ese que viola, ese que se llama vida, que nos deja solos, porque como decía el suicida, 'nadie muere virgen, la vida nos coje a todos'.

Sé bien que siempre hay algo mejor, no vale la pena estancarse, y soy de los que apenas descubre obstáculos que arruinan la perfección, decide largarse, marcharse al fin, y dejar de cantar canciones que dicen lo contrario, porque creo que me di cuenta que no eres para mi.

Me lo ha dicho el viento.





Empezar





Es cuestión de enmudecer, es cuestión de imaginar, sin temer ni envolver, sin siquiera dubitar. No suelo expresarme en primera persona, pero en lo particular, este hecho no perdona; lo más difícil es empezar.

Por eso son inexistentes las sangrías, los márgenes aquí desfilan sin poesía, y de verdad es lamentable y lo siento, pero detesto caminar lento, así como detesto equivocarme, aborrezco tachar, no me gusta retractarme. Es allí donde nace y surge lo necesario, aquella ribera donde termina lo posible y comienza lo imaginario, allí se puede corregir sin dudar, allí a todo gusto se puede inventar y crear; pero la verdad es que esto es el mundo real, existe una mayor necesidad por colocar los pies sobre la tierra, por reconocer lo vulgar, por abrir lo que se cierra.

No es fácil empezar a mirar, no es tan sencillo borrar, esa timidez de tus labios, esa dulce inocencia que habita en tus ojos, esa que ni los más sabios logran abrir tal como a un cerrojo. Aspiro la perfección más no la facilidad, pero me cuesta calcular, me cuesta ser yo mismo y analizar, simular, por no más que otra razón que la que está oculta y entramada en tu naturalidad, que me contagia y me inspira a la similitud, a la igualdad, y no lo puedo evitar, es una hoja que cae en aquel otoño sin desacelerar, es la nube más ligera que anhela ir contra el viento, una utopía que se viste con tu hermosa sonrisa singular, y aunque bien sé que me gustan los finales sangrientos, no sé cómo empezar.


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