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La cima infranqueable








No mentiré: no me alcanzan las letras para sonreír.
¿Por qué creer si bien puedes tú mentir?
La meta es lenta cuando ataca al porvenir,
¿qué te asegura que todo va a resurgir?

De alguna u otra manera cada elemento se transporta en carreras cortas, y en esos espacios de tiempo cada uno de nosotros vigila cada sentimiento de manera invicta: nada pesa ni nada expira. ¿De qué nos sirve el agitado meneo del ventanal si no podemos respirar dentro del vínculo emocional? Es gracioso cuando expira, porque no pesa, y si pesa, no expira. ¿Buscamos lo excepcional? Es que no mentiré: no me alcanzan las lágrimas para llorar. Y vengo dando vueltas en ese vendabal, y cada vez que pateo me caígo de costado y me cuesta levantar. ¿Otra pregunta más que le imprime ritmo a mi volcán? El caminar golpea cuando no se halla el horizonte, cuando el tiempo se hace monte y cada segundo son mil años; ¿por qué se abrazan dos extraños? El verde abruma tanto como el negro solo porque abruma, ¡imagínate el negro abrumando! El mar de noche es un vacío eterno lleno de vértigo, casi tan largo como los tuyos, que me destruyen con el pasar de los años: en la noche de abril de cualquier mes de mayo. Ayúdame, Silvio, grito, y es una canción desesperada, faltándome los veinte poemas de amor. Soy todo lo que me enseñó, y tú eres todo lo que no, ¿acaso no se nota el desencuentro del desamor desangelado? Se me pasa el tiempo y me ataca la noche, y sigo en el mar. ¿Hasta cuándo este silencio y este lento oleaje? El desespero, sin duda alguna, no me deja apreciar el divino paisaje. No sé si muero, me mueres, o me mato. La calma chicha.