A ti no te nace nada,
te carcome la consciencia, te da pena;
es distinto compartirme de tu plato
si solo quieres quedar bien.
Pueblas las memorias con los favores
las sillas y esas colas:
como si no tuviera que llover
para que el cielo sienta llorar.
El indistinto sudor que no se nota
y la distinta respiración de otro que enseguida notas.
La puerta abierta
la puerta cerrada.
El sufrir es karmático
siempre te lo dije, intentando protegerte.
Lo que no te das, te lo quitas.
Lo que me das, siempre lo has tenido.
Sin cauchos, esas cuatro paredes solitarias,
algunos desayunos y préstamos,
no habría nada.
Se notaría más fuerte la ausencia de tu amistad,
pero, probablemente aún así, me conformaría.
Como siempre lo he hecho.