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Pessoa



«Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?»



Desde hace tiempo ya solo escribo por escribir, y se me olvida inclusive donde van los adverbios de tiempo, tal vez precisamente por ya eso. No encuentro realmente un alma en ninguno de mis textos: no es como si me haya muerto, es como si no hubiese flores en mi entierro. He vivido la vida sin flores por meses ya, y parece que las luciérnagas solo danzan sobre el cementerio para alumbrar la ausencia de un señor. En ocasiones mi narrativa surge e intento contar cosas que no suceden, solo para evitar ser partícipe de las cosas que sí me suceden. ¿Y qué tienen? Parece que nada: todo templario y su laurel se regodea con el honor y la gloria, pero de poco y nada sirve cuando el laurel se marchita y la gente se muere. ¿Dónde está la memoria si no es al lado del amor? Amor cabe en memoria.


No me duele no encontrarle sentido a mis letras: nunca ellas lo han tenido; el punto es que era por mi propia decisión y no por inercia. Me temo que ocultar mis sentidos ya no tiene sentido, y escribir sin otro sentido pero sin, de hecho, tener el uno, es realmente sinsentido. Y no ni nunca es lo mismo. Por supuesto que quisiera explicar eso con filosofía, pero ya a nadie le interesa, así que poco puede mi niño interno sonreír ante tal extrañeza. No me duele entonces la ausencia, pues aunque por siempre malas compañías he tenido las mejores aventuras de mi vida, aún en solitario sigo teniendo los mejores tríos y orgías de ella. Simplemente me aburrí de que ya no suceda nada nuevo en las aguas que siempre han sido turbulentas. Esta paz sin guerras no se siente como paz, porque si todo es paz entonces nada es paz. 


Me aburre, entonces, inventar la ausencia de otros sentidos que no son realmente otros, porque no son nada más que cascarones vacíos pretendiendo iluminar iris acostumbradas a lo clásico. Y, de nuevo, no es como si no hubiese nada de lo que hacer un huevo, es que a veces se siente como si cada cosita mínima que antes generaba un espectáculo de dimensiones inauditas, ahora solo genera un cosquilleo en el costillar que rápidamente con una mano puedo acabar. ¿Se pierden tan fácilmente las capacidades de sorpresa? ¿O es que siempre fingí sorpresa para no aburrirme tan rápido de lo predecible que se me hace todo si no me hago el tonto? Solo mi diario sabe y tiene pruebas: es terrible el mundo cuando lo miras. 



No se me olvidó cómo hacer poesía, es solo que la poesía es mentira.


Pocos poetas deciden saberlo.









En abril y mayo






Te perdí en abril
y no me diste cuenta;
te di las mías y ¿
qué
?

Esto es un adiós sin dolor,
porque apenas después de dos años
es que se acaba;
mala idea acortar los adioses:
los dioses merecen el tiempo
pues de ellos es y siempre fue.

Me perdiste en abril
y solo te darás cuenta
cuando mueras:
no hay manera
de q sea en vida.

Capaz te mueres un mayo
porque así es la vida
de poética
e hija de la re mil puta.

Te perdí en abril
y no me diste cuenta;
te di las mías,
y adiós.