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Carnicería









Las calles nunca solitarias
corremos en nuestras mentes
las sonrisas ausentes
y los carros
y sus luces
la vida citadina.

Cruza.

¿Y desde dónde?
¿Y hasta cuándo?

El muro nos detiene.
El silencio nos apabulla.
La sombra, la calzada.

Y estoy a punto de voltear
de correr, de gritar, de sentir, de llorar.

Estallar.

Y el diablo me ofrece carne.
Carne. Carne. Carne.
Una oveja, un cordero,
una vaca, un toro, un caballo, un perro.

La carne es débil.
Y sé cómo funcionas.
Y te veo.
Y me ves.
Y te comes y me como
y te como y me comes
y nos comemos y los comemos
y comemos y no comemos
y la carne rueda
el festival, la sangría.

La carne.