Sonata
El espécimen se aproxima a escribir mierda,
y este se plasma en la hoja proscrita.
Automático como él, el susodicho.
No me sé dejar querer.
Pensamientos me arropan y sumergen
en la intensa llama del fuego prometéico.
Y las promesas, no son de ese plasma.
Y, ¿entonces? Entonces sufro.
Y la letra se me tuerce y me queda grande,
y el amor no me rima con Roma ni con Lima,
el dolor de mi brazo crece, se expande,
mientras la belleza del mundo me causa grima.
"No tengo ambiciones
ni deseos
ser poeta no es una ambición mía
es mi manera de estar solo".
Y es la ola lo real
y el hombre lo inherente
el calor del frío invernal y la muerte entre mis dientes.
"El amor es lo esencial
el sexo, solo accidente.
Puede ser igual
o diferente.
No es el hombre un animal,
sino carne inteligente,
por suerte, a ratos, doliente".
Lo curioso, Caeiro que no es Caeiro,
es que la vida entera es accidente,
y entre Paulos y Janeiros,
se encuentran siempre presentes
los antidestinos de nuestros antitiempos
las ciclicidades del señor que fumiga
del que vende helado, vende rutina.
Solo la rutina mata el accidente,
no porque no exista (porque una vez
existido, existe para siempre),
sino porque se olvida
y se nos pierde en la mente.
Escríbele a tu estro,
que diestro, siniestro,
igual le quieres
porque de eso se trata.
Sonata a la Mata, diría Lisérgicos.
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